miércoles, 15 de diciembre de 2021

 

ESTUDIO DE "AMARZAD, EL MAGO FLOR Y LOS CINCO REINOS"

de Saïd ALAMI


                                                                             Leonor MERINO

                                                                       Dra. Universidad Autónoma de Madrid

                                                                                   Escritora-Poeta. Traductora

                                                           Dirª “Colección Poética Wallāda” (Ed. Diwan)

 

            Amigas-Amigos:

La escritura –también el análisis de un texto– se convierte en instrumento de creatividad. El acto de escribir rima con pulsaciones: respiración, palpitaciones, movimientos peristálticos, ondas cerebrales: alcanza el fondo del ser. Así, tener un texto entre mis manos es, también, analizarlo desde los elementos heterogéneos que lo rodean –el paratexto autorial– y que desempeñan el papel de introducirlo y presentarlo, condicionando la lectura. 

Entre esos elementos, el título, el epígrafe, se convierte en la mejor etiqueta, inaugurándose, por ese medio, el protocolo de lectura; puesto que el mensaje, que desea transmitir el texto literario, toma forma desde el mismo título –máscara codificada–, que permite verificar la hipótesis de si texto y título convergen hacia la misma óptica.

Gerard Genette, crítico y teórico literario, cita a Antoine Furetière, erudito lexicógrafo:

«un buen título es el verdadero proxeneta de un libro».

En efecto, el título de esta novela hace honor al texto, publicado por la Ed. Nueva Estrella, 2021, 794 p. 


 1.- “AMARZAD”: recoge el nombre de ÁMAR en la dedicatoria que igualmente forma parte del paratexto autorial y que aquí me interesa, en esa situación interactiva del autor con el lector, al que informa de su relación familiar:

“A mi nieta”.

El sufijo de este nombre: ZAD recoge Sherazad شهرزاد consustancial a las Mil y una noches y a Oriente: un acontecimiento capital de la Historia de las naciones occidentales en su descubrimiento. Sería más exacto hablar de una conciencia del Oriente, continua, comparable a la presencia de Persia en la historia griega. Además de esa conciencia del Oriente, existe algo vasto, magnífico, cuando se piensa desde Occidente.Al regresar a Alejandro Magno (s. IV a. C.) que conquista Persia, India…

Se trató del inmenso encuentro con Oriente, que tanto afectó a su personalidad. Ya le había sido vaticinado el dominio de Oriente y Occidente. Y es celebrado bajo el nombre de “Alejandro Bicorne”, porque dispone de los dos cuernos, del Oriente y del Occidente. El Corán recoge este personaje histórico, en algunas aleyas: sura 18. Y los escritores árabes hablan de sus hazañas, por medio de los narradores de historias instalados en el centro mágico del círculo halqa–, por solo citar a un escritor contemporáneo: Abdelhak Serhane.

Y dice el poeta romano Juvenal (finales del siglo I):

“Ultra Aurora et Ganges” = «más allá de la aurora y del Ganges».

En esas cuatro palabras se halla el Oriente: fascinación para Occidente.

En la palabra Oriente sentimos la palabra oro y, en muchas ocasiones, cuando amanece, se ve el cielo teñido de oro.

En la novela se citan dos ciudades españolas: Toledo: nos llega la encrucijada de culturas, con meridiana intención del autor, en los vestigios de una historia compartida. Así, en Toledo viven las “Hermanas López de Castilla”: brujas en el arte de la transmutación. 

Se nombra a Córdoba, capital de los Omeyas y de la civilización mundial: “cúmulo de enseñanzas en todos los campos del progreso, incluido el urbanístico” (p. 670), así como lo fue su ingeniería en la conducción de las aguas y su aprovechamiento de manantiales y correntías. Solo con citar a esta ciudad, sentimos, íntimamente, esa evocación, esa presencia del Oriente.

Me detengo aquí, estimados lectores, porque esa seducción se traslada a la escritura y a la pintura “orientalista”, incluso a nuestro vecino Marruecos, donde comienza lo “oriental”, para el público en general, por lo que hago siempre hincapié en establecer diferencia entre el “turista” cual Sísifo: fardo su maleta y el bagaje cultural del viajero el bastón, ligera caña, por compañero: cuerpo y alma en el viaje. 

 

2.- “EL MAGO FLOR” de nuestro planeta (antes SVINDEX). Aquí nos encontramos con la magia, donde existe mecanicismo y expectativa causal. Esa relación puede deberse a una lámpara que se frota o bien a otros objetos detallados en el texto (vestido, corona, collar) o la “sortija esférica” que se acaricia, se susurra o bien, con solo fijar la vista en ella: aparece el mago.

    Presencia que puede ocurrir en cualquier momento: transferencia corporal, instantánea de cuerpos y materia de un lugar a otro, a través del espacio cósmico: “utilizando la eliminación de la percepción del paso del tiempo”, como señala XANZAX (el “Mago Supremo Galáctico”), pero: “sin indagar en los misterios, porque desentrañarlos podía echar a perder la buena estrella que viene con ellos” (p. 701).

Ah, amigas-amigos. Enorme es el poder colosal de la mente y lo que llega a generar: puede hacer ver a los demás lo creado por quien posee ensoñación, para adentrarse en ese mundo mágico y olvidar: “temores y dudas que no dejan sosegarse al ser humano, incrédulo e impaciente como es por naturaleza” (p. 107).

Y así, qué satisfacción, volverse niños, poder cabalgar, en fina alcatifa de poético dibujo geométrico y composición tornasolada, hacia un mundo de figuras arquetípicas: el sabio, el héroe, el bufón, el gobernante, para llegar al planeta “Kabir” que, en ocasiones, es alcanzado por fuerzas “extrakabirrestres”(p. 235) y carros espaciales que “akabirrizaron” (p. 175), procedentes del planeta Qalam [قلم sura 68] y de la “estrella Kaff” (p. 237) y de al-Kaff al-Khadib: la palma de la mano manchada no lejos de la estrella “Alderamin” الذراع اليمن: “el brazo derecho”.

Debo señalar que existe, en la novela, un estudio onomástico, rama de la lexicografía: formación de nombres propios, lugares y seres vivientes.

Igualmente, un estudio astronómico: la Tierra del sistema planetario XALZIYA; los terráqueos del SOL. Sistemas planetarios vecinos: las estrellas de ALFIRK, ALKIDR, ALKURHAH. El planeta DURRA de la estrella ARRAI.

Y qué decir de la existencia de brujos, “viles adoradores de Satanás”, “cuya tierra de brujería por antonomasia es Mesopotamia” (p. 398), y que se ocultan en grutas y recovecos terrestres adquiriendo múltiples y horrendas formas, para luchar contra los magos; así como los genios malignos –yinn– de extrema violencia y pertenecientes al mundo de la brujería, llamados “sharrwes” (p. 515), inmunes a los escudos protectores de los magos.

Si en la Filosofía de Lao Tse (IV a.C.) lo absoluto está más allá de los contrarios, encuentro aquí la búsqueda aristotélica de la eudaimonía esa felicidad en el bien supremo entre todos los que pueden realizarse–, en el Libro I de la Ética a Nicómaco.

En el texto de Saïd Alami existe una lucha dual entre el Bien y el Mal: el Yang (fuerza clara) y el Ying (fuerza oscura), lo positivo y lo negativo; los opuestos de los que brotan los fenómenos y que, en el texto, tiene superioridad el primero con virtuosas acciones y actitudes hacia el Otro, puesto que hasta: “las sonrisas se equiparan a dar limosnas” (p. 440).

Existe, también, el papel que desarrolla el Destino Maktub: está escrito y nuestra capacidad de aprehender o no esas señales y, por consiguiente, de interpretarlas. Porque: “El ser humano siempre es así, creyéndose dueño y señor de su mañana, cuando ni siquiera puede garantizar lo que le puede acontecer en el siguiente momento de su vida” (p. 547).

La tabla del Destino es hilo tejido por la creencia en Dios –tenido muy en cuenta en el texto–: su respeto y la asunción del destino “que Él nos haya elegido” (p. 699), puesto que así expresa el “remoto verso árabe: en lo que se tarda en parpadear, cambia Dios una situación por otra distinta” (p. 469). 

3.- “Y LOS CINCO REINOS” cuyo sufijo persa –STÁN– significa “lugar de”–: SINDISTÁN, NAJMISTÁN, RUJISTÁN y NIMRISTÁN son países con sus correspondientes capitales y reyes, así como QANUNISTÁN es el sultanato de gran importancia y en el que se menciona “la ley” – قانون –. Los “cinco” se nombran con gran destreza, con el fin de tomar el hilo del relato y se detallan en un mapa, en la parte posterior de las contraguardas. Así como el “Índice” recoge los nombres de los personajes y de los lugares.

Todo ello, junto al título de los 52 capítulos y la hoja de “Colofón”, dando cuenta de fechas importantes políticas y culturales en el mundo árabe-musulmán, forman parte, asimismo, del paratexto citado anteriormente. 

En la novela, que se inicia con la fecha 1294, descubro la sabiduría que me lleva de nuevo a Lao Tse y que indica cómo el ser humano llega a un laberinto de errores, donde comienza a enloquecerse por el afán de conseguir cosas o poder, y dice Alami: “poder sin cordura no traería más que catástrofes y sufrimientos” (p. 44).

De esa forma, cuanto más alejado se está de la locura del afán, tanto más nos libraremos del yo: ese pequeño yo que sostiene una Vida en el lapso de tiempo que va del Nacimiento a la Muerte, puesto que la persona no es más que la vestimenta mortal que se despierta al pasar por la vida.

Mi reflexión encuentra su eco, en las palabras de Alami: “todo es efímero y desaparece con el tiempo, por más que este se alargue” (p. 42).

El Tao enseña la flexibilidad de las fuerzas del alma y que las fuerzas internas tienen que hacerse: río calmo y vencer los obstáculos.

Dicen mis versos:


“Para no estar a oscuras/mirar la pequeñez/

Para ser fuerte/tierno mantenerse/

Porque la vida es blandura/la muerte rigidez”.

En la novela se lee: “la cólera suele ser la peor consejera” (p. 127) y “la tranquilidad en la mayoría de los casos, la llave y la clave de la salvación, mientras que el pánico suele ser la causa principal de la derrota y de la perdición” (p. 377). ¡Obra salpicada de lección moral!

En las luchas intestinas por el poder –explícitas en la novela de Saïd–, el Tao señala y enseña que es posible reconocer las fuerzas de las armas, pero estas no pueden vencer, puesto que un árbol, aunque sea fuerte, siempre puede ser podado.

Recojo de la novela: “todo poder que nace de las armas solo sirve para vencer momentáneamente y pagando un precio muy alto, pero nunca para salir beneficiado definitivamente ni para siempre” (p. 195). 

Y aquí, deseo hacer mención al autor como gran estratega en el planteamiento de las batallas –que conocía por mis conversaciones con él y en su admiración de la batalla de Guadalete–. Descripciones excelentes con tropas alineadas, ataques, contraataques, escaramuzas, asaltos con hombres empuñando alfanjes y dagas, llevando arcos y aljabas en bandolera repletas de flechas y portando estandartes-pendones.

Magníficas exposiciones, casi incruentas, donde el aire lleva alaridos, aullidos y quejidos, aunados al choque frontal de armas y escudos, estallido de alabardas, desafiantes bufidos y potentes relinchos, el piafar amenazante de caballos y fuertes barritos de elefantes –todo eso he “sentido”, he “escuchado”.

Igualmente, vocablos sobre la vestimenta en la preparación para las batallas, sobre las máquinas de guerra como los almajaneques, sobre la estrategia en el camuflaje y sobre el cuerpo a cuerpo, en el ataque por sorpresa.

Si el hakawati es un contador de historias, mitos y fábulas, Alami es potente narrador y esclarecido hispanista de meticuloso trabajo, la diégesis transmite historias dinámicas, visuales, cinematográficas.

Las imágenes se me aparecían en secuencia de viñetas con sus respectivos bocadillos en diálogo: ¡una lectura para todos los públicos! Los personajes con su intriga, la política, las traiciones y, también, el Amor, cobraban vida por lo que no deseaba desasirme de ellos, hasta finalizar el texto, de 800 páginas, en mi lectura continuada.

Igualmente, en mi pensamiento y sentimiento por Palestina, cada vez más diezmada, la he visto esbozada en pasajes de los que pergeño algunos para no ser prolija:

“Se enfrentaban a un ejército que se defendía con uñas y dientes si hacía falta, pues se jugaban la suerte de su patria, su libertad, y su independencia, tres valores irrefutables de los pueblos para poder ser considerados dignos y soberanos, y no ser humillados y esclavos” (p. 751).

“La desesperación genera arrojo y coraje ya que nada ha de perder el miserable salvo su miserable vida” (p. 478). Y ante la desidia e hipocresía de los países y sus gobiernos, leo:

“Qué diferencia hay entre maltratarnos o dejar que nos maltraten. Dejar que te maltraten, pudiendo ayudarte e impedir que suceda es igualmente maltratarte” (p. 478).

La defensa del honor, contra cualquier intento de menosprecio: “No me des de beber miel estando humillado y dame de beber hiel estando mi orgullo salvaguardado” (p. 288).

En la denuncia de toda colonización –que tanto he estudiado en mis obras–, nos dice Saïd: “El ocupante siempre es altanero, porque tiene firme creencia de que los ocupados son inferiores a él, pues los ha derrotado y se ha apoderado de su país” (p. 622).

Amigos:

Desde tiempo inmemorial, un relato podía tener dos formas de finalizar: transcurridas las pruebas, héroe y heroína se casaban o morían. El sentido último tiene dos caras: la continuidad de la Vida, la inevitabilidad de la Muerte.

En la conclusión de la novela existe el gallardete de la Felicidad –que no voy a desvelar–, donde el Amor es fuerza que transforma y mejora el Alma del Mundo que nosotros alimentamos, porque la Tierra, donde vivimos, será mejor o peor según seamos mejores o peores.

Ahí es donde radica la fuerza del Amor, porque cuando amamos: deseamos ser mejores de lo que somos para construir y no destruir, como se lamenta el mago FLOR ante AMARZAD: “Nosotros sabemos de varios que terminaron siendo destruidos por la extrema irracionalidad, codicia y agresividad de los seres inteligentes que los habitaban” (p. 43).

Y es que el Mundo está hecho de correspondencias, está lleno de espejos mágicos, y la ciencia de la Alquimia, que se halla en los relatos árabes y a la que hace alusión la novela, acerca al plano material la perfección espiritual y la sabiduría.

Y la importancia de los sueños, los medios que utilizamos para lograrlos, como los ha llevado a cabo Saïd Alami con esta destacada obra: galaxia de significantes, donde los códigos se perfilan hasta donde la vista: mi/nuestra imaginación alcance.

Así como invita/mos a ser zahorí –zuharī quien descubre lo oculto– del ingenio y buscadores del Alma Humana.


Muchas gracias por la atención.

 


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