lunes, 8 de julio de 2019


“EL PASADO SIMPLE” – INTRODUCCIÓN






Dris Chraibi nace en 1926 en Al-Yadida (antiguo Mazagán), hermosa ciudad de Marruecos a orillas del océano Atlántico. Desde muy pequeño asiste a la escuela coránica, luego, hijo de burgués, entra en la escuela francesa a la edad de diez años y continúa sus estudios en el instituto Lyautey de Casablanca. En esa época se inicia en la escritura componiendo versos por los que será premiado.


El 21 de septiembre de 1945, abandona Marruecos para realizar estudios de Química en París y, en 1950, obtiene el título de ingeniero químico. Poco tiempo después, comienza estudios de neuropsiquiatría.


Sin embargo, Chraibi, pensando que la ciencia es la quiebra de los valores humanos y que arrastra con ella la pérdida de espiritualidad, interrumpe sus estudios a dos meses del doctorado y escoge el periodismo y la literatura, optando, de esa forma por la alquimia de la palabra, la facultad de verla nacer, de oírla, de tocarla, sentirla como a un ser vivo.

Chraibi ama también el silencio que ha liberado su pensamiento de la escoria del lenguaje, que ha agudizado sus sentidos y que los ha acerado tanto que, a veces, descienden hasta el extremo de sus dedos cuando éstos entran en contacto con la mano que ante él se tiende. “El tiempo tritura las palabras, dispersa sus cenizas” –le gusta decir a este escritor–; “sólo permanece la fe de la fe, pero para ello, como el agua, fuente de vida que está por doquier, es preciso bajar a buscarla, bajar al vientre de la tierra, puesto que la luz no está en la superficie, sino en el fondo, en lo más profundo de los hijos de Adán” ("Succesion ouverte", "Naissance à l’aube").


Con ese objetivo de lograr, merecer y conquistar con la fuerza de su escritura y con la carga emocional, –gigantesca de sus entrañas–, se puso en marcha hacia el encuentro de los hombres. Será entonces, cuando comiencen sus viajes por Italia, Suiza, Bélgica, Alemania, Austria, Yugoslavia, Inglaterra y España (donde lo presenté, como pionera, en la Universidad Autónoma de Madrid y en el Instituto Francés de Madrid).


Ejerció varios oficios: desde ingeniero, químico y periodista, hasta vigilante nocturno, fotógrafo ambulante y profesor de árabe. Poco después, en 1959, como escritor y productor de radiodifusión y televisión francesa, realiza una emisión diaria y habla del Islam y de Occidente con André Rousseaux, queriendo mostrar la hospitalidad islámica y cristiana de los primeros tiempos, basada en el amor y en la igualdad.


En 1980, Chraibi trata el teatro del mundo negro y el teatro de Oriente Próximo (los poetas árabes, los Maestros espirituales, la música islámica), blandiendo siempre el "Corán" (Libro Único de orquestación semántica) no como arma sino como propuesta.


En 1970, explica la Literatura Magrebí en lengua francesa –“consagrada a profundizar el alma de los seres y cosas”–, en la Universidad de Laval, Canadá, donde el escritor da a conocer a los estudiantes "La Civilisation ma mère!..." : canto de ternura y caliente ritmo fetal.


Chraibi, bilingüe, escogió la lengua por la que concibió la cultura occidental, para afirmarse como magrebí colonizado y demostrar que podía igualar al francés colonizador. Lengua que lo liberó de los mitos de la tribu al mismo tiempo que, en un principio, lo convirtió en lo que Maurice Barrès llamo “desarraigado”.


La primera novela de Chraibi, "El Pasado Simple", violentamente percibida en el momento de su publicación, causó un gran escándalo en Marruecos, sin embargo, desde hace diez años se estudia en las universidades de este país vecino.


Esta escritura habla de la hipocresía y falsedad de todos aquellos que se erigen en detentadores de la verdad y de las costumbres vetustas, pero también es una crítica al mundo occidental, orgulloso de su tecnicismo sin haberse liberado de sus prejuicios y que camina, irreversiblemente, hacia la materialidad.


Esa colusión entre lo temporal y espiritualidad en la sociedad islámica, labrada a medida de los poderosos y que narró Chraibi, fue retomada y amplificada, años más tarde, por otros escritores magrebíes de lengua francesa que ofrecieron su propio matiz personal.


"El Pasado Simple", obra pionera, no fue ni rebeldía ni rechazo de la cultura oriental, sino afecto profundo por Marruecos, pues el escritor siente necesidad de su país, de su pueblo natal y de su río calmo, caudaloso, grávido y profundo, el "Um er-Rebi´a" ("La Madre de la Primavera"), y con todos ellos entabla un diálogo sin complacencia y un planteamiento de su yo, atroz y permanente, del que hace un doloroso balance que no significa que sea una descripción verista de la sociedad marroquí, puesto que un personaje no representa más que a sí mismo y una cierta relación con la sociedad.


Esta obra marcó un hito importante, en la Literatura Marroquí, al doblar las campanas por toda la producción etnográfica: contento para un público sediento, únicamente, de un tipismo “oriental”.


Al mismo tiempo, su gran valor narrativo es indiscutible, puesto que armoniosamente conjuga el tiempo de la aventura y el de la escritura en un mismo espacio. Espacio señalado por un rostro dual, oscuro y luminoso.


Obra que recuerda la infancia, llena de acallados sufrimientos, que evoca, a un mismo tiempo, a la madre, compartiendo con ella su dolor y soledad. Acompañando a ese desgarro, un canto doliente y monótono brota de la calle traduciendo ese quejido, aunándose a la angustia de los personajes.


Voz, eco de martillo, que inicia una letanía de congoja, música y encantamiento. Relación entre el burgués comerciante y el mendigo titular, que se convierte en farsa mediterránea llevada al paroxismo y que cristaliza todo el universo de potestad del padre, “el Señor”, dios Crono que, como el Tiempo (Chronos), devora todo lo que engendra, destruyendo su propia creación, secando las fuentes de existencia, inculcando a su hijo, el más sensible, un hambre devoradora de vida y simbolizando el temor de un sucesor que lo destrone.


Pero "El Pasado Simple", a pesar de su discurso iconoclasta, es también la historia de un pasado simple, como el mismo autor ha dicho en "Succesion Ouverte": “tan simple y elemental que la historia de los hombres se ha encargado de derribar a fuerza de bombas y odios”.


Dris Chraibi, que continúa siendo un autor fecundo, dice abierta y claramente lo que piensa e intenta conmover violentamente las conciencias, criticando exacerbadamente tanto a Oriente como a Occidente.


Su obra es espejo de sus pasiones profundas, en relación siempre con la sociedad. Su estilo sensible, nervioso, espontáneo, directo, brutal a veces, está teñido de un humor tierno, profundo y devastador, que no deja al lector indiferente.


Sus frases son generalmente cortas, yuxtapuestas; a menudo, no son más que frases nominales con elipsis de sujeto o verbo, rotas por una puntuación que marca un ritmo repetitivo, incesante, con el que dinamita la lengua francesa, acentuada por un diálogo que conduce a un paroxismo ascendente y en el que el “escupitajo” es un gesto de rechazo que sustituye a la palabra.


Su discurso, cáustico y diarreico, parece querer formar parte de una reacción química, pero, también, es toda una llamada física al lector, a quien quiere involucrar con sus preguntas y reflexiones que se derraman por todo el texto.


Su escritura es, por tanto, angustiosa búsqueda por sus raíces profundas, como también es canto y música de nostalgia dolorosa y de serenidad henchida de ansia de verdad y amor por el ser humano y, en especial, por la madre y la mujer, a quienes conoce como a las aguas vivas del "Um er-Rebi´a", allí donde se mezclan con las del océano en un acto de amor, al fondo del rugiente abismo.  

                                                               Leonor MERINO


sábado, 16 de marzo de 2019


La escritura de Khatibi es catarsis de vida, por eso este autor, en el trabajo práctico de su texto, introdujo cierto desorden en el cuer­po del otro -del lector- y en el cuerpo social, de la misma forma que en la poesía, en la músi­ca y en el vivir cotidiano, uno habla, y, lue­go, se calla.

Ausencia que siempre habla, puesto que recoge la palabra que, suspendida, continúa meditando, metamorfoseándose en el si­lencio. Y de la misma manera, que cuando soña­mos, no nos ubicamos en el tiempo, pues los recuerdos se siguen entre sí, se superponen y pasan por el vacío...

Al igual que el tao, nos invita :


Mi poema en "El Soplo de la Vida El polvo de la Tierra" (Mayrit, Editorial & Librería Diwan, 3 edi., bilingüe, 2016, p. 61)



Pour Abdelkébir Khatibi :

le visage de la terre est déjà recouvert des yeux de tant de bien-aimés disparus


  (publié in “Expressions maghrébines”, vol. 12, nº 1, 2013, pp. 121-124)



0.- En guise d’introduction



On n’oubliera jamais [sa] Mémoire tatouée, cette autobiographie réflexive, cette évocation de fantasmes et ce retour nostalgique au paradis perdu, mais prétexte, aussi, pour l’introspection, pour la réflexion d’ordre politique dans chaque miette du souvenir de son enfance, des ses quêtes de l’adulte et sur son prénom, en essayant de définir sa signification à travers l’histoire et la mémoire. Et cette absence entre l’Orient et l’Occident...
Mais Abdelkébir Khatibi a aussi pu dépasser l’officiel, le centrisme, l’autosuffisance de la pensée savante pour découvrir son amour des marges. Une découverte faite, entre autres, grâce aux travaux de Roger Bastide, surtout ceux qui concernent le statut du corps et sa représentation dans les autres cultures.




L’oeuvre polyphonique et exigeante de Khatibi est en perpétuel dialogue aussi avec celle de Derrida, de Barthes ou de Glissant. Une Infinition qui rappelle Lévinas, le fondateur de cette “pensée du Dehors”: “Je conçois l’autre en sa limite infinie, porteuse d’un monde inconnu, qui exige de la pensée l’exercice d’une violence novatrice entre les cultures, leurs rencontres et leurs résistances à la pulsion de cruauté des uns et des autres” (Khatibi 2008 : 43).
Et si Barthes a épelé le plaisir de la lecture, Khatibi nous rend sensibles à la jubilation de l’écriture. Si pour Ibn ´Arabi - né à Murcia - “la plume qui incise le papier et l’encre qui l’imprègne jouent le même rôle que la semence mâle qui éclabousse les entrailles de la femelle et les pénètre profondément pour y laisser les marques et les traces du divin” (Les conquêtes mecquoises), pour Khatibi la trace est d’abord inscription du désir : “L’homme écrit comme il laboure; ce geste fonde son érotique” (Khatibi 1974 : 85)[1].


                 


Ces lignes ci-dessous englobent, pour moi, l’idée force de son travail intellectuel, poétique, son désir, sa passion, sa jouissance-érotique, “son bonheur indicible!” (Amour bilingue, 1983).

Depuis longtemps, je lui ai consacré de nombreux travaux, en même temps que j’ai maintenu une correspondance active avec lui : d’abord à travers les traits grands de son écriture qui s’inclinaient vers le haut de la page et que je trouvais déposés dans ma boîte aux lettres, puis à travers le courrier électronique.
Je l’ai étudié dans mon ouvrage Encrucijada de Literaturas Magrebíes (2001). J’ai écrit le seul article dans la presse espagnole : In Memoriam (2009). Et j’ai parlé sur toute son œuvre pour le programme de la télévision espagnole : « Islam Hoy », dirigé par Mohamed Chakor. J'ai aussi participé pour hommager cet intellectuel avec d'autres collègues (nº 34 de la revue “Interculturel francophonies”) et dans des Colloques Internationaux.


Aujourd’hui, je vous offre ma conversation inédite et unique, en Espagne, avec Abdelkébir Khatibi. Elle a eu lieu à l’”Hotel Victoria” de Madrid, lors du Colloque « Magreb-Europa », où tout un éventail d’écrivains maghrébins m’entourait dont Tahar Djaout (dix mois après son âme s’envolait sous une balle terroriste), cinq mois après ma présentation pionnière de trois écrivains maghrébins : Driss Chraïbi, Albert Memmi, Azouz Begag.
Cette conversation, maintenant transcrite, je l’écoutais quand je désirais me ressourcer de l’écriture khatibienne, de son haleine, de ses pauses silencieuses, de son murmure berçant un peu fatigué, un peu éraillé.
Je la gardais comme un trésor. Je craignais de la transcrire en raison du nombre d’opérations traumatiques que j’aurais à infliger à une fragile et humble cassette : écouter, bobiner, rembobiner, arrêter... - combien de fois ? 
Voici pour vous, lecteur, ses mots.


- Leonor Merino : Avez-vous choisi la langue française pour écrire ou bien c’est elle qui…?

- Abdelkébir Khatibi : Oui. J’ai été choisi par la littérature, d’abord. J’écris depuis l’âge de douze ans et mon écriture est un travail branché sur le désir, cela d’une part. D’autre part, en écrivant à cet âge, je l’ai fait dans la langue que je connaissais le mieux et que des événements historiques ont déterminée. À travers cette langue, j’ai intériorisé beaucoup de choses, tout un monde intérieur où des idées et des concepts ont germiné et cette langue est devenue ma langue d’écriture.



- L. Merino : Quelle relation éprouvez-vous avec les langues et plus exactement maintenez-vous une relation passionnante avec la langue française?

- A. Khatibi : Oui, dans ce sens-là, j’aime toutes les langues que je parle, plus ou moins cinq langues. J’écris aussi l’arabe, il ne faut pas l’oublier.

J’ai un rapport tout à fait intérieur à la langue française, ce n’est pas quelque chose d’extérieur. Car, à travers Baudelaire, j’ai aimé très tôt la poésie. Baudelaire m’a apporté quelque chose à la fois de ce qu’on peut appeler une langue d’amour et des expériences fondamentales, ce que c’est la poésie. Je me suis expliqué, longuement, dans plusieurs textes et dans ce livre, que vous connaissez, Amour bilingue.



- L. Merino : Donc, Baudelaire a beaucoup d’influence dans votre oeuvre...

- A. Khatibi : Il est d’abord mon poète depuis longtemps. Mais je lis de la poésie, il y a aussi d’autres poètes qui sont aussi de référence, arabes, allemands..., des différents poètes. Mais Baudelaire a joué un rôle important. À mon avis, il n’a pas vieilli. Il a ouvert à la poésie une modernité, un espace de modernité qui est toujours encore là. Pour moi, il reste très contemporain et il me fait travailler. Pour moi, Baudelaire, à l’âge de douze ans, a été essentiel. Il continue à être très contemporain, parce que c’est un des fondateurs de la modernité.



- L. Merino : La littérature permet-elle d’écrire, dans une certaine manière, ce qu’on n’a pas vécu ?

- A. Khatibi : Oui et non. Dès mon premier livre qui s’appelle, comme vous savez, La mémoire tatouée, j’ai essayé d’écrire comment un écrivain naît à la littérature dans un contexte historique précis. Dans ce sens là, c’est un témoignage sur une génération et, en même temps, c’est ma propre expérience tout à fait personnelle. Donc, j’ai essayé d’écrire ma mémoire aussi.

Eh..., euh...., oui, on écrit ce qu’on n’a pas vécu, mais, en même temps, on transcrit ce que nous avons vécu. Tout mon travail, moi, mon effort c’est d’essayer d’être proche de ce que je sens, de ce qui m’émeut, de ce que j’essaye de penser, tout en sachant que la littérature est toujours un monde où l’imagination est plus forte. Alors, l’essentiel c’est de me perfectionner, mes émotions, mes idées. J’essaye de leur donner forme à partir de la mémoire ou à partir du présent. Donc, il y a à votre question oui et non, je dirais, en ce sens là. J’ai une position fondamentale, pour moi, depuis l’âge de douze ans, c’est que la littérature justifie la vie. Comme dirait Nietzsche la littérature justifie la vie. Donc voilà, pour moi, la littérature justifie la vie.



- L. Merino : Quels ont été donc les philosophes qui ont pu vous influencer ?

- A. Khatibi : Mon grand philosophe est Nietzsche. Il reste pour moi la référence. Pourquoi ? Parce que Nietzsche est un critique fondamental, à la fois de son époque, de la morale, de la philosophie de son époque, et de la morale..., comment dirais-je, de l’asservissement des hommes. En ce sens, sa pensée est essentielle pour moi. Elle me fait toujours travailler. C’est elle ma référence. Mais ce qui m’intéresse de Nietzsche c’est son style de critique fondamental. Sa manière de penser, premièrement et, deuxièmement, sa manière de trouver l’équilibre entre la pensée et l’art. Ce qui fait que je suis sensible surtout aux philosophes et aux écrivains qui sont des artistes. À commencer par Platon en tant qu’écrivain, en passant par Kierkegaard, jusqu’à des philosophes comme Derrida et Foucault ou des écrivains qui ne sont pas des philosophes, mais qui rêvent, qui apportent, c’est l’essentiel : le rapport entre culture et pensée, c’est Blanchot. Mais, pour moi, la référence principale continue à être, jusqu’à aujourd’hui, Nietzsche.



- L. Merino : Comment interprétez-vous la voix de la femme maghrébine ?

- A. Khatibi : Personnellement, j’ai pensé à ça à ma manière. Je parle pour moi. J’essaye d’écouter ce que la femme effectivement dit. Dans la poésie écrite essentiellement pour les hommes - souvent, pas toujours -, toute cette écriture poétique des hommes, elle est adressée à la femme. En conséquence, pour moi, il y a une relation entre ces deux principes, le masculin et le féminin. J’introduis d’ailleurs des figures spéciales dans mes textes, par exemple l’androgyne. J’ai parlé dans un livre de l’androgyne, c’est-à-dire la passion. Quand deux êtres se passionnent l’un pour l’autre, la figure mythologique qui les réunit c’est la figure impossible de l’unité de l’androgyne. J’essaye de décrire les états d’âme et des émotions, des perceptions entre le féminin et le masculin. J’ai essayé de le penser. Ceci dit, je pense comme Rilke, comme d’autres, que les poètes et les écrivains sensibles sont assez capables d’écouter la parole de la femme. Je crois qu’entre les artistes et les femmes il y a un secret, ce secret là m’intéresse, et je l’ai développé dans le livre Par-dessus l'épaule. Directement, dans cet ouvrage se trouvent des notes adressées aux femmes et des notes adressées aux hommes, et j’essaye de dénouer par un fil cette question là.

Par exemple, j’ai fait un travail sur les tapis marocains où j’essaye de dire ceci. Dans les tapis marocains, la femme marocaine a projeté son imagination dans l’espace du tapis. Elle a lié, délié, certaines structures dans un espace concret. J’essaye d’étudier cette imagination du cible dans l’espace du tapis, comme on étudie une page d’Aristote, avec le même sérieux, en exposant des théories esthétiques, consacrées à l’imaginaire et à la symbolique. Étudier de beaux tapis faits par des femmes. J’essaye de capter, de me faire capter par ce secret qui a configuré ce tissu, dans beaucoup de travail. Voilà comment j’écoute la femme, à travers son secret.



- L. Merino : En 1966, dans la revue Souffles, vous avez écrit un article bien connu sur Driss Chraïbi, affirmant qu’il « demeure jusqu’à nouvel ordre notre meilleur écrivain », continuez-vous à le penser toujours ?

- A. Khatibi : Moi, à l’époque, j’avais écrit ce texte parce que je pensais, et je le pense toujours, que Chraïbi est un romancier. Il a le sens du récit. Il sait mener un roman. Il connaît les lois du roman.

L’intérêt, l’intéressant, c’est que la plupart des écrivains maghrébins qui écrivent des romans, n’écrivent pas des romans, ce sont des récits, en général, entre la métaphore poétique et le récit, alors que Chraïbi a appris l’expérience américaine, des années quarante et cinquante, qu’il a bien intériorisée, et il a fabriqué de beaux romans. Mais je n’ai pas lu tout de Chraïbi. Il écrit de la prose. L’action est le dialogue.

Mais de cette génération, ce qui reste pour moi, c’est essentiellement Kateb Yacine et Dib. Mohammed Dib est important. Dans cette génération nouvelle à la mienne, il y en a très peu qui peuvent soutenir l’itinéraire et la force poétique de l’oeuvre de Dib. Donc, j’ai une position très nette là-dessus. Pour moi, c’est que Kateb Yacine et Mohammed Dib sont deux repères importants.




Mi poema dedicado a Abdelkebir Khatibi, en "Mi Voz Estelas en tu Cauce" (Mayrit, Editorial & Librería Diwan, 2018, pp. 95-96) 





[1] Dans Mille et une années de la nostalgie (1979), Rachid Boudjedra affirme aussi ce caractère mystique de l’union sexuelle en convoquant cet intertexte du soufi Ibn ´Arabi.

jueves, 14 de febrero de 2019


ESCRITURA CINEMATOGRÁFICA

EN EL ENCUENTRO, DESENCUENTRO A LA

EUROBEA



Leonor MERINO (U. A. M.)

  

Mi ponencia publicada en UNIVERSIDAD CADIZ (Facultad de Filosofía y Letras): AFROEUROPEANS III CULTURES AND IDENTITIES Europe: Out of Many, One People, 28-30 SEPT 2017 

Resumen


El llamado mundo Occidental y Oriental se halla engarzado. Si Estambul[1] -la antigua Bizancio y luego la Constantinopla del imperio romano- es puente de comunicación entre Oriente y Occidente y su vinculación a Europa es tan intensa como visible al recorrer sus barrios y patrimonio artístico o si Cruzando el puente: los sonidos de Estambul (Crossing the bridge: The sound of Istambul, 2005) muestra el crisol de culturas y estilos musicales y hace énfasis sobre la falsa imagen de la división Este-Oeste que la música ignora alegremente[2], entonces hay que afirmar, rotundamente, que la Europa contemporánea es plural, variada, y que cuenta con muchos pasados y presentes.

Las distintas migraciones desde Sudamérica y, sobre todo, desde países árabes o islámicos están contribuyendo a diseñar un paisaje multicolor en la vieja Europa que, especialmente, la cinematografía actual, llevada a cabo tanto por directores europeos como árabes, plantea miradas críticas e incisivas al mismo tiempo que edificantes, tan válidas o certeras como cualquier reflexión intelectual, aportando nuevos puntos de vista a viejos debates.
Porque el cine constituye, actualmente, una de las principales formas de expresión del imaginario colectivo: un cine planteado como interlocución cuya cámara cinematográfica es como un bolígrafo o como un ojo de las imágenes que generamos: deseos, miedos, odios y anhelos desnudos, tal y como Lucien Freud -pintor inglés de origen alemán y nieto del pionero maestro en psicoanálisis- describe la realidad como si no hubiéramos salido de Atapuerca. Y en todas esas imágenes están contadas las historias



El cine es memoria, documento, expresión artística y medio de comunicación.

El cine, como la literatura, se inscribe en un espacio social, político e histórico y nos ilumina también sobre el origen de ciertas percepciones de nuestra mirada orientalista o neo-orientalista: ideas preconcebidas sin haber conocido o contrastado los lugares (esa mirada no del todo inocente y que en otra ocasión trataré).

Ciertas novelas magrebíes sobre la inmigración así como las películas aquí expuestas son todo un símbolo, un mensaje lanzado a los ciudadanos. Una oportunidad para descubrir la verdadera esencia del mestizaje a través de la obra de sus creadores artísticos en contacto con la realidad cotidiana, mostrándonos su crudo espejo.



1.- Deconstruir el espectro del mundo árabe-islámico


A un lado los europeos con sus estereotipos sobre el otro lado: África y los países árabes.

Veamos. En un cortometraje: Ecce homos (2009) -el significado del título viene de primera-, un joven cineasta libanés llama a la puerta de un productor francés: el objetivo es realizar una comedia sobre la juventud de su país. La boca del joven queda enmudecida, sellada, y su proyecto suspendido ante los a priori del Líbano expresados por el citado productor -masacres, Hezbolá, palestinos.... -. “¿Cómo? ¿Una comedia, cuando Beirut es una tragedia?”, alega con gran asombro el francés. A través de esa diminuta comedia-parodia, quedan representados los símbolos y clichés del Otro.



Con dinamismo, diversión y ritmo trepidante como indica el título, Yalla, yalla (2001) -en árabe: “Vamos, vamos” y también “Date prisa”- explica las circunstancias de dos amigos -un sueco y un libanés-, que comparten el mismo trabajo. Vidas parecidas, aparentemente, en Suecia, hasta que la cámara se adentra en los diferentes hogares, planteando el “choque” de culturas con gran desenfado y el conflicto entre tradición y modernidad. Así, mientras uno tiene una vida sexual permisiva y lúdica, el otro debe atenerse a un matrimonio “arreglado”, en el sentido más tradicional del término, aunque las situaciones hilarantes amainen esa circunstancia penosa.



El director argelino Merzak Allouache -que ya filmó en 1976 Omar Gatlato: una sociedad argelina atrofiada e incapaz de comunicarse sino a través de subterfugios[3]- recoge, veinte años más tarde en Salut cousin!Hola primo!), un torbellino de imágenes en un cómico enfrentamiento de culturas, con frescas variaciones de la fábula atribuida a Esopo, El ratón de la ciudad y el ratón de campo[4], en el entorno de un París hostil y tentador. Entre los personajes, un inmigrante, bien establecido, echa de menos “el olor de la menta” y recuerda al director de esta película exiliado en Francia.


La excelente actuación de Gad Elmaleh, poseedor de una hilarante fisonomía y una mirada azul-cándida exorbitada, contribuyó también a que la película, que no deja indiferente, obtuviera gran reconocimiento.
Aquí, el sueño por la integración se conjuga con la pesadilla, y recuerda que, más allá de los pasaportes y de las nacionalidades se pueden inventar, pueden surgir otras identidades como se forja también la solidaridad, puesto que el mundo se compone de múltiples orillas que no son vírgenes sino salpicadas por corrientes entreveradas desde tiempo inmemorial.

De ahí, que la emigración de los obreros hacia Europa y la condición humillante soportada ha sido un tema recurrente en las películas magrebíes.



2.- El viaje: espacios utópicos en la inmigración


En 1970, Ali Ghanem fue el primer director en crear una película argelina en relación directa con la diáspora en Francia: Mektoub? (¿Está escrito?), cuyo título, subrayado por la interrogación, ofrece sentido a la filosofía árabe en el deseo de no ser mirada fatalista sino acuciante por otra vida mejor[5].



También su lenguaje cinematográfico -L’autre France (1975) y Chacun sa vie (2005)- plantea interrogantes enlazados con la aculturación, la fractura generacional, la integración y la solidaridad entre obreros franceses y argelinos, más allá del miserabilismo social -inducido por el neorrealismo italiano- que se contenta con describir estereotipos lamentables sin proponer una mirada por la lucha social y la fusión en el seno de la sociedad francesa: que no es precisamente El Dorado pues el inmigrante, oveja negra de un sistema fundado en un Estado de derecho, sueña con poner definitivamente los pies en la propia tierra. Sin embargo, para sus retoños -hijos “ilegítimos” por pertenecer ya a otra realidad-, no existe el “mito del retorno”, ya que su lenguaje es diferente al de sus padres.



Igualmente Mahmoud Zemmouri en Prends 10.000 balles et casse-toi (1980), con humor provocador da cuenta del fracaso de reinserción en el retorno a las raíces argelinas y fija el tono para el Yedid (Nuevo): un cine de doble patrimonio cultural.

Los personajes representados en esas películas de la inmigración se asemejan, en gran manera, al tipo generacional “del eslabón perdido” descrito por Benjamin Stora. Puesto que los hombres, nacidos entre 1940 y 1950, constituyen ese eslabón que “agrava la elaboración de una memoria colectiva”[6]. Individuos que hoy están implicados en lo que este historiador y sociólogo define como “el combate memorial”[7]
Es decir, esa voluntad de reconstituir un lazo con su comunidad a través de un trabajo sobre la memoria personal y colectiva como lo han demostrado, entre otros, los siguientes escritores magrebíes:

Driss Chraïbi con Les Boucs (1955): texto pionero, que posee la mayor carga denunciadora del racismo, creado por un escritor magrebí. El mismo título de la obra es premonición de lo que será la vida del inmigrante en un territorio de miseria y soledad, al existir intrínsicamente la oposición animalidad/humanidad. Sinestesia de olor, ruido, luz, todo un universo de la ciudad, unido a ese otro perfume a ropa vieja, piel húmeda y aliento ácido del mísero árabe inmigrante: sombra verde como flema de bilis.



Rachid Boudjedra con Topographie idéale pour une agression caractérisée (1975): el dominado se aventura en un paisaje geográfico, simétrico y laberíntico, creado por el dominante. El metro parisino, con sus dédalos y mensajes desconocidos, alucina, desorienta al emigrante “al límite del abismo”. Publicidad, números, estaciones y anuncios de crímenes racistas. Marco espacial, fragmentado, instantáneo, fugaz, por el que se traslada el personaje y con el que mantiene una relación ambigüa y compleja de la que intenta defenderse trascendiéndolo mediante el lenguaje, lamiendo los confines de la poesía.


Con Mengouchi et Ramdane, en L'Homme qui enjamba la mer (1978), queda descrita una de las representaciones más insólitas con humor cuando el yo elude el sufrimiento de los trabajadores inmigrantes: marroquíes, africanos, portugueses que erigen un París multicolor. Pero las fuerzas de la opresión triunfan siempre: por tanto, ¿tendrá uno que marcharse?



Tahar Ben Jelloun con su ensayo La plus haute des solitudes (1977) se acerca a la vida sexual de los inmigrantes. Esa generación, envejecida antes de tiempo, cuyo rostro lleva la historia de la inmigración: meandros, heridas, esperanzas y desesperanzas.


Este mismo autor marroquí regresa a ese “exilio” en su reciente novela Au pays (2009). Mohamed -“l’immigri”-, alcanzada la jubilación después de haber gastado su vida en França, retorna a su aldehuela marroquí donde construye una casa. Largamente, espera la llegada de sus hijos con el fin de continuar con aquella unidad familiar de sus ancestros. Nadie. Ni los hijos van a visitarlo: permanecen allá esparramados en sus nuevas vidas[8]. Mohamed, sumido en su ensoñación-locura, adquiere aureola mística.


También desde el corazón de África, Le petit Prince de Belleville (1992) de Calixthe Beyala y Agonies (1998) de Daniel Biyaoula describen la perspectiva del inmigrante negro con estilo coloquial, fragmentado y con minuciosa psicología de los caracteres. Un niño se encuentra en el centro de la primera novela junto a los de su raza, a pesar de las dificultades encontradas en Francia, permaneciendo arraigados al continente africano y participando de la universalidad, con acento aún no adulterado. En la segunda novela, las agonías proteiformes de una comunidad adherida al dolor de vivir opta con gusto por el humor, la ironía e incluso la irrisión.


Pero ante un racismo embozado: muchedumbre temida por el inmigrante y que lo ignora, ¿no estamos de acuerdo en que la ironía es el resultado de un malestar, del pudor del marginal y el último recurso del desesperado?: Celle-ci nous délivre de nos terreurs ou nous prive de nos croyances” (Jankélévich 1979: 11).


3.- Euroba: lectura cinematográfica plural, constructiva e incisiva 



Actualmente, el Magreb y el mundo árabe e islámico sigue teniendo vínculos históricos controvertidos con Europa y, especialmente, con Francia.

Esa Euroba (como designan los árabes al viejo continente ya que en su lengua no hay equivalente a nuestra letra p) a la que miran con anhelo, recelo y también con mirada urgente, debido a la precaria situación económica de ese mundo, que se convierte en el motor de la emigración legal e ilegal, día tras día. Por eso, los cineastas continúan planteándose el viejo debate de cómo mantener el equilibrio entre esas dos realidades, cuyos cimientos ya están puestos.



Los saltos espacio-temporales de “tres días” en Tánger dotan de continuidad a Loin (2001): Saïd, con su bicicleta y única posesión, conoce al dedillo los laberintos de esa ciudad del sur -mítica y literaria- que tanto ha seducido a los extranjeros del norte. Ese personaje de la calle tangerina -vivida como prisión-, sólo sueña con pasar clandestinamente enfrente, a la otra orilla, en el camión de Serge: un personaje que hace el camino a la inversa y que va en búsqueda de una aventura incierta que le sobrepasa y le envolverá en el tráfico de drogas. Enamorado de Sarah, para quien la muerte de su madre desencadena otro planteamiento de su propia vida.

Tánger, entonces, como espacio fronterizo -puente y barrera-, cruce de caminos y tres personajes también en la encrucijada de sus vidas que van evolucionando.



Con un sentido remarcable del equilibrio entre tiempos y contratiempos, se va descubriendo la madeja de los lazos entre los personajes y los que van surgiendo, para enriquecer así la película con múltiples hilos narrativos: la exiliada Émilie (en el papel de Yasmina Reza: autora-estrella de teatro de Arte y de la película Chicas), la independiente Farida, o el americano a través del recuerdo del escritor James Bowles en esta ciudad, que denominó huérfana.



Habilidad para introducir, sin didactismo, un soberbio retrato de la mujer árabe, en su libertad, ante ciertos estereotipos y ante una exacerbada fatalidad social. Igualmente, problemas sociales como la droga o la inmigración clandestina que acecha la oportunidad para embarcarse, agazapada en la oscuridad nocturna. Mientras, la vida en Tánger, con sus sombras, discurre ausente de todo exotismo reductor.

Un ejemplo, dramático y veraz, queda reflejado En este mundo (In this World, 2002) que pone el foco en la “inmigración económica” y el “tráfico ilegal de personas”.

Para realizar esta película -rodada con cámaras de vídeo digitales y transferida a treinta y cinco milímetros para ser proyectada en la gran pantalla-, se escoge a dos genuinos afganos del campo de refugiados de Shamsatoo en Pakistán.



Una odisea realista con el fin de emigrar ilegalmente a Blighty -Reunido Unido-, a través de la polvorienta Asia Central; de Irán -negando su nacionalidad pues no hay que hablar pastún sino farsi-; de Turquía -entre el terror de tiros nocturnos dispersos en la nieve de las montañas con momentos dramáticos en blanco y negro-; su llegada a Estambul -puente con Europa- y a París...

Entre tanto, la lenta burocracia, la gran corrupción, las largas horas a la espera de un destartalado vehículo para desplazarse o la introducción en un contenedor de carga, hasta llegar a la inanición y la muerte.

Sin drama sensacionalista, muestra al espectador, que detrás de la cifras de la inmigración existe una historia y que detrás de ciertas campañas electorales, para maximizar votos, los políticos jalean al electorado con eslóganes que advierten de los “problemas” derivados de la inmigración, expoleando a la xenofobia.

Ficción y cruda realidad se codean -reforzando su mensaje-, cuando el más joven de los dos afganos refugiados emplea el dinero obtenido en la película para hacer realmente el viaje a Londres -en avión en esta ocasión-, y pedir asilo político que le será denegado. Tan sólo le será concedido un permiso especial para permanecer en Inglaterra hasta cumplir dieciocho años.



Igualmente, un lancinante documental, La brûlure (2009), iniciado con un entierro, narra la sofocante presión que siente la juventud árabe en un callejón sin salida, condicionada por el nacimiento y el entorno del barrio, mientras mata un tiempo estéril[9]. ¿Quién, en esas circunstancias, no se quema por dentro?: “quemarse”, “quemar el mar”, persiguiendo el opulento sueño vano por Euroba. Aventurarse, comprar la propia muerte, en el interior de un cascarón. A la deriva, veintiocho jóvenes con seis botellas de agua. Uno sólo regresa para expresar la quemadura. De nuevo lo intentará para quemar la frontera de su tedio y su miseria.

Ese mismo año, diez argelinos, ḥarrāgas (حَرّاقس): con el título en lengua árabe designa ya el hecho de quemar los papeles para abandonar la propia tierra. No tienen nada que perder. Porque carecen de todo. O lo tomas. O lo dejas. En la ensoñación ilusa por Euroba, el avezado cineasta Merzak Allouache diseca ese fenómeno sociopolítico sin demagogia y consciente de que continuará la emulación, entre tanta juventud hastiada por falta de perspectivas futuras[10].



Las palabras del protagonista -“Si me marcho, muero. Si no marcho, muero. Entonces, me marcho, sin marchar, y muero”- recuerdan aquellas que pronunció el poeta Tahar Djaout -dos años antes de ser apuntado en la sien una mañana de primavera de 1993[11]-: “El silencio es la muerte/Y tú si hablas, mueres/Entonces, habla y muere”.


4.- Suicidio y muerte: llamada al Amor


Algunos se inmolan en su desespero -la realidad supera a la ficción- para despertar a los conciudadanos -por entonces timoratos-, para extraerlos de su punto muerto, de su callejón sin salida. La Historia es ya testigo del dramático hecho y sus consecuencias, cuando el joven Mohammed Bouazzizi, informático en paro y el mayor de una familia numerosa sin padre y el único que la alimentaba, se prende fuego ante el ayuntamiento cuando la policía vuelca su puestecillo ambulante de legumbres.

Cuando uno se mata, mata también al otro/a los otros en sí mismo, porque éste/éstos viven, a su vez, una especie de suicidio. Chantaje frente a los otros y también llamada al Amor. Pero el dramatismo llega a su culmen cuando, desaparecidos los focos mediáticos de la “compasión”, la familia queda al albur, sin socaire de nadie.


En un salto cualitativo, los doce minutos del cortometraje Bamboleho (2001) nos traslada a la vida marginal de los niños de la calle -inmigrantes ilegales marroquíes y menores de edad sin vínculo familiar- que habitan por encima de la ciudad de Barcelona: en sus destartaladas azoteas populares, como espacio intermedio entre la intimidad y el horizonte.

En los créditos, se vislumbra al personaje Cósimo en El barón rampante[12] de Italo Calvino, con esta cita: y rechacé el plato de caracoles”.

En Bamboleho, aquellos niños de la calle, que antes malvivían bajo los puentes, descienden de las mugrientas azoteas para sobrevivir como rateros, furtivos, enfrentados a la cárcel y a la muerte. Mientras, una pareja de adolescentes ensaya nuevas experiencias amorosas.



Y por el Arte de amar (2007), dice estar influenciado Fatih Akin en su película Contra la pared (Duvara karsi/Gegen die Wand/Head-on)[13], que diseña ese amor que necesita talento, que sólo el silencio tiene, pues la mujer nunca en silencio ama.

Ahora, este cineasta alemán de ascendencia turca, que se alimentó del consejo del escritor mexicano Guillermo Arriaga para su película Al otro lado (Yasamin Kiyisinda/ Auf der anderen Seite, 2007)[14], combina hiperrealismo con elipsis y diseña la muerte tan próxima al amor en nuestras culturas mediterráneas. Porque cada muerte suele ser fuente, iniciación, vida abierta a otras sendas, a otras dimensiones. Y llegado el dolor se convertirá en motor para vivir, precisamente, en nombre de los muertos. De dos muertes: 
Yeter (madre turca que se prostituye para pagar estudios universitarios a su hija Ayten, enzarzada en temas políticos y que cree que su progenitora trabaja en una zapatería) y Lothe (hija de la valerosa madre alemana que acoge a Ayten, en nombre del amor loco que ambas jóvenes se profesaban).


Esas vidas se van porque no pueden unirse a las almas que aman.

Entretanto, las relaciones humanas de dos países bien diferentes, el vaivén, entre Turquía-Alemania y viceversa, en búsqueda de esas muertes que habitan en los personajes para darles vida. Para que en ellos exista reconciliación y perdón.

Y así, voy clausurando mi ponencia volviendo a la Turquía del principio -a Estambul: ciudad-personaje-, para ofrecer la imagen del viaje y la construcción de las relaciones humanas. Círculos que se cierran entre dos países, entre padres e hijos. Y, como fondo, el estudio, la cultura, que los salvará definitivamente:

Nejat de origen turco es profesor de alemán en la Universidad. Y Yeter se prostituye debido a esa sed de conocimiento que desea ofrecer a su hija. 

Conclusión


Las películas y novelas expuestas son consecuencia del momento cultural, social, político e histórico en el que se realizaron. 
Sus miradas crean un ritmo conducido por la serenidad de los cineastas, de los novelistas, que se acercan sin prejuicios a la realidad circundante, que cuidan la imagen/voz/rostro, como si cuidaran a un ser dolorido e indefenso.
El cine, como la narrativa de ficción, denuncia, señala, los males de este mundo y la defensa de causas nobles que parecían perdidas. El cine, como la literatura, da a conocer la realidad oculta y, sobre todo, permite desvelarse sin darse cuenta.
Los personajes proyectan sus miedos y deseos en la realidad que les hostiga hasta desear transformarla.
Palabras como imágenes en la escritura cinematográfica. Imágenes como espejos devueltas al espectador, donde los cuerpos dejan de ser objeto de deseo para ser, sencillamente, verdad.
Paisajes del cuerpo humano mostrados la mayoría de las veces tras la tormenta: parte del terreno pantanoso y mugriento de la vida cotidiana, con el deseo de limpiarlo. Pero también, tras la esperanza de vivir, de sobre-vivir.

Películas, novelas, que persiguen respuestas, que reflexionan sobre nuestra relación con el Otro, y que se enmarcan en el mensaje que ha deseado transmitir esta comunicación -del conocimiento viene el respeto[15]-: Sí, Yo tuve un sueño, mamá (I Had a Dream, Mom, 2006).





 FILMOGRAFÍA


- Akin, Fatih. Contra la pared (Duvara karsi/Head-on), 2004. Ganadora del Oso de Oro en el Festival Internacional de Cine de Berlín, 2004. Países: Alemania/Turquía.

Cruzando el puente: los sonidos de Estambul (Crossing the bridge: The sound of Istambul). 2005. País: Alemania/Turquía.

Al otro lado (Yasamin Kiyisinda/ Auf der anderen Seite), 2007. Primer premio LUX del Parlamento Europeo 2007. Países: Alemania/Turquía.

- Allouache, Merzak, Omar Gatlato, 1976. País: Argelia.

Salut cousin!, 1996. Países: Francia, Argelia, Bélgica, Luxemburgo.

Harragas, 2009. País: Argelia. Prix spécial du jury. Prix Fipresci. Prix des droits de l’homme: Festival du film de Dubaï, 2009. Palmier d’or. Prix de la meilleure BO: Festival de Valencia (España), 2009.

- Chaibi, Leila. La brûlure, 2009. Países: Argelia/Túnez/Francia

- El Khal, Claude, Ecce homos, 2009. País: Líbano.

- Farès, Jossef, Yala, yalla, 2001. País: Suecia.

- Ghanem, Ali, Mektoub?, 1970. País: Argelia. Premio medalla de plata de la ciudad de Verona. Italia.

L’autre France, 1975. País: Francia.

Chacun sa vie, 2007. Países: Argelia y Francia.

- Prieto, Luis. Bamboleho, 2001. País: España.

- Reza, Yasmina, Chicas, 2010. País: Francia.

- Saneh, Lina. Yo tuve un sueño, mamá (I Had a Dream, Mom), 2006. País: Líbano.

- Téchiné, André. Loin, 2001. País: Francia.

- Winterbottom, Michael. In this World, 2002. País: Reino Unido.

- Zemmouri, Mahmoud, Prends 10.000 balles et casse-toi,1980. País: Argelia.



 BIBLIOGRAFÍA


- Begag, Azouz, Dis Ouailla! París: Fayard, 1997.

- Ben Jelloun, Tahar, La plus haute des solitudes. París: Seuil, 1977.

            Au pays. París: Gallimard, 2009.

- Bey, Maïssa Au commencement était la mer. París: Marsa, 1996.

- Beyala, Calixthe. Le petit Prince de Belleville. París: Albin Michel, 1992.

- Biyaoula, Daniel. Agonies. París: Présence Africaine, 1998.

- Boudjedra, Rachid. Topographie idéale pour une agression caractérisée. París: Denoël, 1975.

- Chraïbi, Driss, Les Boucs. París: Denoël, 1955.

- Djaïdani, Rachid, Boumkoeur. París: Le Seuil, 1999.

- Escribano Aparicio, Francisco Javier, deriva revistadigital literaturacine, “Cruzando el puente: los sonidos de Estambul”, 22/09/06.

- Esopo, El ratón de la ciudad y el ratón de campo.

- Fromm, Erich. Arte de amar. Madrid: Ediciones Paidós, 2007.

- Jankélévich, Vladimir. L´ironie. Bourges: Flammarion. 1979.

- Kingsmill Hart, Ursula, TRAS LA PUERTA DEL PATIO. La vida cotidiana de las mujeres rifeñas, Ciudad Autónoma de Melilla, 2006. (Originariamente en inglés, traducción de Encarna Cabello).

- Mengouchi et Ramdane, L'Homme qui enjamba la mer. París: Henri Veyier, 1978.

- Merino, Leonor, “L’approche féministe dans certains romans maghrébins et la touche féminine de leur transposition cinématographique”, Plurial nº 15, Presses Universitaires de Rennes, 2005: 191-208.

“En el aniversario de la muerte de Tahar Djaut, Amanecer del nuevo siglo (Madrid) año VI, nº 145, julio, 2003, p. 74.

De la calle y sus disturbios”, EL PAÍS, OPINIÓN, sábado 20 de agosto, 2011: 25-26.

- Nini, Soraya,  Ils disent que je suis une Beurette. París: Fixot, 1993.

- Sebbar, Leïla, Mes Algéries en France. Saint-Pourçain-sur-Sioule: Bleu autour, 2004.

- Stora, Benjamin, Algérie, Maroc. Histoires parallèles, destins croisés. París: Maisonneuve et Larose, 2002.

- Reza, Yasmina. Arte. Dirección: Eduardo Recabarren. Madrid: Teatro Alcázar, 2009.





[1] Capital histórica de Turquía que se estira entre los mares Egeo, Mediterráneo o Negro, las montañas del Cáucaso o Persia y los desiertos de Iraq o Siria.
[2] En el documental, el fundador y bajista del influyente grupo de rock vanguardista alemán Einstürzende Neubauten, Alexander Hacke dice: “No creo que Oriente vaya de Estambul a China. Ni que Occidente vaya de Grecia a Los Ángeles”. Por tanto, existe todo un crisol de diversidad musical desde la de los callejeros hasta “los ídolos de la música tradicional, pasando por los pioneros que se atreven a fundir los sonidos orientales con las formas occidentales (rock, hip-hop, break dance...)”: Francisco Javier Escribano Aparicio (2006).
Por eso, el ud islámico es la madre de todos los instrumentos y se extendió por Europa desde la España musulmana. Tiene un mástil más corto que el laúd europeo y se toca con un plectro y no con los dedos, con un estilo monofónico y no polifónico.
[3] “L’approche féministe dans certains romans maghrébins et la touche féminine de leur transposition cinématographique”, Leonor Merino, 2005: 191-208.
[4] Obra reescrita más tarde por distintos autores sin grandes modificaciones de la historia original, como Jean La Fontaine.
[5] Mektoub -con el hálito de resignación- se encuentra a lo largo de los textos de las literaturas magrebíes de lengua francesa, y también en las tribus bereberes del Rif (Norte de Marruecos): Ursula Kingsmill Hart, TRAS LA PUERTA DEL PATIO. La vida cotidiana de las mujeres rifeñas (2006).
[6] Benjamin Stora, Algérie, Maroc. Histoires parallèles, destins croisés (2002: 64).
[7] Ibid.: 72.
[8] En esa visión y expresión opuestas a los padres y en la producción novelesca de la generación beur en Francia, sólo citar a Azouz Begag en Dis Ouailla! (1997), Soraya Nini en Ils disent que je suis une Beurette (1993) y Rachid Djaïdani en Boumkoeur (1999). Otros escritores hablan de ser un “producto contaminado”, como Leïla Sebbar, en Mes Algéries en France (2004), para quien el exilio es ante todo aprendizaje.
[9] Desde Argelia y en Au commencement était la mer (1996), Maïssa Bey describe la inactividad, la ociosidad, en un aburrimiento interminable que lleva a la juventud al integrismo -pero esa es otra historia, lector-: “Argel. Ciudad de las 1200 viviendas. En algún lugar de la periferia de la ciudad. [...] Para los de la ciudad, el verano es un bloque de aburrimiento y calor todo junto. El aburrimiento que se arrastra a lo largo de días interminables, que vanamente se intenta engañar, que ni un soplo de aire llega a distraer. [...] Y luego, a la hora de la queda, ellos se repliegan en los huecos de la escalera oscuros y nauseabundos. [...] Retrasando el mayor tiempo posible, el momento en el que deben entrar en un apartamento demasiado pequeño, demasiado oscuro, cargado de rencores inexplicables”.
[10] Harragas, 2009. Prix spécial du jury. Prix Fipresci. Prix des droits de l’homme: Festival du film de Dubaï, 2009. Palmier d’or. Prix de la meilleure BO: Festival de Valencia (España), 2009.
[11] “En el aniversario de la muerte de Tahar Djaut, Amanecer del nuevo siglo: Leonor Merino, 2003: 74.
[12] Mito de una elevación, mediante la voluntad, por encima de la grávida existencia humana, donde el mundo es visto y contemplado desde la perspectiva de la altura entre la naturaleza.
[13] Ganadora del Oso de Oro en el Festival Internacional de Cine de Berlín en 2004.
[14] Primer premio LUX del Parlamento Europeo 2007.
[15] De la calle y sus disturbios: Leonor Merino, 2011: 25-26.