domingo, 2 de abril de 2017



« Albórbolas al Maestro »
           

                                                      Leonor MERINO GARCÍA (escritora, traductora, poeta)


¿Cuánto ha transcurrido ya –el tiempo cabalga al tiempo al hilo del recuerdo: un sueño en un sueño–, desde que escudriñas la palabra, la escritura, el ademán de Pedro MARTÍNEZ MONTÁVEZ? –sí, con mayúsculas, recalco para mi fuero interno con nostálgica alegría.

Mucho tiempo –caudal de ecos y silencios en lontananza–. desde aquel día en el que –desdeñando, alejando, otro mañana no compartido–, te elegí como Director de mi Tesis Doctoral.

Qué contento, qué paz ser libre, elegir, decidir el propio adarve, la pulsión –contra vientos y mareas–: pensamientos, saetas, el día que escuché, por primera vez, tus palabras.

Esa cascada luminosa de vocablos en la urdimbre de tu sintaxis formando toda una arquitectura no sólo para interpretar lo real sino para re-construirlo –encrucijada, qantara de aguas subterráneas de origen árabe–, sobre aquella sombría y añeja aula, sobre mi espíritu –anhelante antaño, ala rota, remo errante, cual albatros– que

“discurre como un torrente, pero está lleno de remansos, tiene tanto de impulso como creación”: escribiste, Pedro, en mi primer libro –y mis ojos (ainin) aún se empañan, ante tu bonhomía, tu largueza.

Qué cobijo, gratitud, regalo, ese reposo intelectual, compartido, taraceado; esa búsqueda de espacio de libertad y la creencia en el poder de la escritura –singladura lírica– de la palabra.

Tal vez, me sucedió –salvando muchísimo la distancia intelectual– como a ti, con Emilio García Gómez: te sedujo: al lado de su firma y de la tuya estuvo un día la mía en unas publicaciones, para mi regocijo.

Elegiste un diálogo con el Otro –cuánto de nosotros existe en Él.

Decidiste sin alarde, cabal y ponderadamente, analizar nuestro mundo en relación con nuestro Otro más inmediato, permanente y gravitante y, por lo tanto, visión y percepción que de Él tenemos.

Transformaste en realidad las palabras de Mohamed Arkun: los investigadores más competentes, más leales, serán aquellos que alíen la exigencia científica con un sentido penetrante de la solidaridad histórica de los pueblos y las culturas.


Ahondaste en el conocimiento y, por encima de todo, en darlo a conocer -como misión-: deber para quien tiene vocación de enseñanza, de investigación, seria, comprometida.






Iluminaste, con candiles, la oscura y larga galería que se despliega entre nuestro Occidente y su Oriente.

Compartiste que no se podía hacer arabismo –“un estado de enamoramiento”– sin los árabes.

Señalaste y abrazaste –como tu “hermano mayor”– a Nizar Kabbani.

Dijiste que hablábamos árabe sin saberlo: una lengua navegando por infinitos meandros, dibujando arabescos en diferentes culturas y siglos, hermosos y extraños vocablos sin papeles –como emigrantes arribando a nuestras indiferentes costas–, cuyos rostros son espejo de que lenguas y razas no son puras.

Confirmaste las Tres Orillas: la árabe, la española y la latino-americana.

Revelaste que existe un constante trasvase entre realidad y ensoñación, entre lo histórico y la recreación.

¿Es por todo eso por lo que has formado Escuela sin casi tú quererlo?

No hay necesidad de explicarlo. Se aprehende, es poroso, se intuye.

Es cuestión de mente –que también tiene corazón: nos advertiste.

Nos hemos empapado de tus numerosas obras: que hacen senda.

Hemos rumiado tus declaraciones: verdades diamantinas aunque al mundo occidental y a sus políticos no les resulte grato y aunque tengas que renunciar a tanto, alejado de zalemas y alfeñiques.

Hemos analizando tus palabras sobre fundamentalismos: no terminarán hasta que no se acabe con la miseria.

Nos hemos sobrecogido con tu dolor: Palestina, Líbano, Irak, Afganistán.

Nos abriste los ojos sobre la reordenación del Próximo y del Medio Oriente debida a cuestiones económicas y geoestratégicas.

Nos has inculcado hacer nuestra tu infatigable búsqueda de respuestas intelectuales, a veces terribles, al mundo árabe: que no solo a él afectan e incumben.

Hay que haberte seguido en la presentación de tus obras: conocimiento comprometido.

Hay que haber estado en la presentación de las obras de otros autores o en las mías –preludio de tu modestia.

Hay que haberte “sentido” en tus Homenajes; haber participado en ellos y, sobre todo, haber escuchado tu voz poderosa y puntual entre el gentío –porque eres un arabista de calle.

Qué hermoso no tener que arrepentirse: porque una y mil veces pondría la misma efusión, la misma mística –alfaida contenida–, la misma búsqueda en mi pasión por la lengua poética y el infatigable estudio, porque te elegí/te elegimos, porque tuve/tuvimos tu lecciones Magistrales.

A la manera de Dris Chraïbi –a quien también escogí como único escritor–, este brindis alborozado: Gracias a la Vida. Me ha colmado. La Vida continúa. ¡Gracias, Maestro!

Y una exhortación para quienes me escuchan y, tal vez, lean mi aportación:


                        Si el horizonte
                        otea el tiempo que resta,
                       mendiga horas
                        a quien hace crecer por dentro.


(en mi poemario: El Soplo de la Vida El Polvo de la Tierra, p. 85)


miércoles, 29 de marzo de 2017



               



“LA GENEROSIDAD DEL ARABISTA ESPAÑOL.
MARTÍNEZ MONTÁVEZ: UN HOMBRE DE SU TIEMPO, SOLITARIO Y SOLIDARIO”
 
                               Leonor MERINO (Drª Universidad Autónoma de Madrid, traductora y autora de Encrucijada de Literaturas Magrebíes)
Comunicación presentada -en lengua francesa- en la Academia tunecina de las Ciencias, Letras y Artes « Beït-al Hikma » (Cartago : 2-5 junio 2004) como uno de los miembros fundadores de la red de amistad tunecina y española. El Excmo. Sr Presidente de la Academia: Abdelwaheb Bouhdiba.
 
INTRODUCCIÓN
 
Es inútil, porque es ya evidente, recordar en estos momentos, que el profesor Pedro Martínez Montávez realiza un trabajo de enseñanza indiscutible en el terreno del arabismo español que sabe revitalizar la espléndida tradición del mejor humanismo.

Pero también hay que proclamar bien alto que numerosos trabajos científicos de arabistas y orientalistas, que pueblan nuestras universidades españolas y cuyos representantes en este coloquio reflejan lo mejor de nuestro arabismo, se aúnan a esta figura insigne de prestigio nacional e internacional.

En mi caso personal, Pedro Martínez Montávez, además de tenerlo cerca, tiene tiempo -con una agenda bien cargada-, de escuchar mis inquietudes intelectuales, producto de mi vocación impaciente llena de esfuerzo y buen empeño. Es mi maestro en arabismo que tengo al alcance de la mano, y que me enseña con su prosa que es un verdadero placer, perceptiva y reflexiva, dimensión de su compromiso vital.

A veces su prosa es un torrencial de palabras: adverbios, sinónimos, metonimias, metáforas y subordinadas que se encadenan. Encrucijada de aguas subterráneas de origen árabe. Aguas cálidas, termales, en las que se baña nuestro principal signo de identidad. Emplea palabras con carga metafórica intensa, llenas de experiencia pura, en el sentido de primitiva, precisa que, como perlas lanzadas al estanque, salpican, emiten ondas finas, se enredan, caracolean y se diluyen en un festón perfumado, mientras que, a su paso, muestran su dimensión semántica original, en su plenitud imbricada.              

         A partir de su escritura particular, se aprehenden, se recuperan términos olvidados -muchos desconocidos- que celebran nuestra cultura sin igual -una parte singular y pura de nuestra casa histórica, la casa de nuestro pasado[1]-. No sólo reflexiona sobre la historia de los árabes sino que, en sus numerosos artículos, nos enseña a descubrir los arabismos que subyacen en nuestros vocablos españoles que instauran la verdad en la palabra escrita[2].

Nos ofrece “notas sobre el tema árabe en la poesía española”, ya que para poder “poetizar sobre lo que es árabe, la literatura española no necesita salir de sus fronteras, el elemento árabe lo tenemos aquí mismo, en nuestro país, entre nosotros, en los campos, en las costumbres y en las gentes”[3].

Entonces, si Pedro Martínez Montávez ama la belleza de la lengua, que se muestra a lo largo de la prosa -vasto tejido trenzado por la luminosidad del intelecto e irrigado por la intuición poética-, si ama también ese universo a veces hermético, y transparente cual cristal -la poesía-, es que esconde un espíritu palpitante de poesía, “contaminado” por sus lecturas poéticas preferidas: Kabbâni, Adonis, Al-Bayyâti, Al-Sayyâb, Al-Qâsim, Darwish, Afifi Matâr, y por la lengua límpida, precisa, espléndida de Al-Hakîm.

¿Pero cómo ha llegado este hombre al arabismo? ¿Fue su vocación primera? ¿Llevaba acaso resonancias árabes que bullían en su interior? ¿Y dónde nació? ¿Cuáles son sus preocupaciones intelectuales más apremiantes? ¿Cómo consigue exponerlas?

Confío que este estudio contribuya a dar respuesta a estos interrogantes y, ante todo, a rendir homenaje a este arabista erudito, a su enseñanza concerniente al mundo árabe contemporáneo, en su aspecto literario, social e histórico.

TRAYECTORIA VITAL Y HUMANISTA


A.- Primer movimiento

Pedro Martínez Montávez nació el 30 de junio en 1933, en  Jódar[1], en la provincia andaluza de Jaén. Un acontecimiento le marcará profundamente: la muerte de su madre en el momento de dar a luz. Pedro no tenía más que cuatro años. Uno puede imaginar esta escena en la alcoba conyugal: altar y tálamo -en el contexto geográfico español de antaño-, lugar en el que se nacía y moría, donde se participaba plenamente en el azar del nacimiento y de la muerte -¡están tan próximos!

Era entonces muy joven cuando se inició nuestra guerra civil española (1936-1939), razón por la que se define como un niño de la guerra y la posguerra: “eso supone, no solamente que se ha visto la muerte, el hambre, el sufrimiento y el dolor sino que se ha vivido, soportado”[2].

Viudo, su padre -“Antonio Martínez Herrera, un auténtico andaluz, tal vez sin saberlo”[3]-, se traslada a Madrid. Su segunda esposa, renunciando generosamente a tener otros hijos, amó a Pedro como su propio hijo. Comenzó entonces éste sus estudios en Madrid, en el colegio de los Padres Calasancios, pero, al no adaptarse su carácter independiente a las reglas severas, los finalizó, en el instituto público, Ramiro de Maeztu.

Con su franqueza bien conocida, Pedro reconoce su humilde origen: “Mis abuelos eran peones que esperaban ser contratados en la plaza del pequeño pueblo” -contó en su última lección magistral como profesor emérito de la Facultad de Letras de la Universidad Autónoma de Madrid.

En el otoño de 1950, se matricula en las licenciaturas de Filología Semítica -llamada así en aquella época- y de Historia, en la Universidad de Madrid -actualmente Universidad Complutense-. Termina dichos estudios en 1956 y 1955, respectivamente. A Pedro le hubiera gustado estudiar Ciencias Políticas, pero su padre se lo desaconsejó, debido al contexto político español de aquellos años.

La influencia del ilustre arabista español Emilio García Gómez fue determinante para Pedro Martínez Montávez. Su interés por la literatura árabe y por todo lo relacionado con el mundo árabe aumentaba cada día, incluso si las opiniones del maestro y de su “alumno rebelde” divergían en cuestiones puntuales.

En 1957, su partida hacia Egipto, en plena juventud (con 23 años y recientemente casado con Mercedes Lillo: mujer de gran sensibilidad), iba a moldear a Pedro humana y académicamente. En la capital de ese gran país, El Cairo, descubrió lo que no se puede hallar en los libros: el contacto con el pueblo árabe, sus olores, sus colores, sus sabores, sus ademanes, sus gestos, también, su forma de expresarse con alusiones y ese saber negar con riquísimos matices -según me ha contado.

Como historiador sobre la economía medieval, en un principio, presentó su tesis doctoral sobre La oscilación del precio del trigo en El Cairo durante el primer régimen mameluco[4]. Pero su presencia en tierra egipcia, su integración en el paisaje humano de este país, le dejará huella profunda como futuro arabista. Esta presencia es la que orienta sus investigaciones hacia la literatura contemporánea, y sobre todo hacia la poesía.

En el Centro Cultural Hispánico del Cairo -del que era director-, es donde tiene sus primeros alumnos así como en la Universidad Aïn Shams y en la Escuela Superior de Lenguas. En esta ciudad mítica, es donde crea y dirige la revista al-Rabita y donde publica la primera traducción en lengua española del primer libro de cuentos de Naguib Mahfuz[5]. En fin, en El Cairo, nacieron sus tres hijos: Sergio, Pedro Antonio y Rosa Isabel, mientras que su hija pequeña, Natalia, nacerá después de su regreso a Madrid, en 1962.

Ese año, con ese bagaje cultural y humanista, nacido de dicho periodo de formación tan importante, Pedro Martínez Montávez es profesor de la Universidad en la que había estudiado, es también Subsecretario y da clases en la Escuela Superior de Comercio y en la Escuela Diplomática de Madrid, donde se encontraba el antiguo Instituto Hispano-Árabe de Cultura que dependía de Asuntos Exteriores. Y fue en la Casa Hispano-Árabe, institución privada e independiente, donde se publicó la colección Arrayán, dirigida por Martínez Montávez: la primera que publica los poemas en español de Darwish, de Kabbani y del sirio Abd al-Basit al-Sufi -poeta desconocido entonces-, mucho antes de que sean traducidos a otras lenguas occidentales.

En este Instituto es donde este arabista dinámico ofrece un seminario de literatura árabe, que sus alumnos -entre ellos los arabistas Carmen Ruiz Bravo-Villasante y Fernando de Ágreda- no olvidarán jamás. Es ahí también donde funda la revista Almenara, instrumento científico pionero, excelente receptáculo para los arabistas españoles, sobre temas del mundo árabe e islámico contemporáneo. Su biblioteca, creada por el Padre Félix Mª Pareja, continúa siendo un centro intelectual de referencia.
Pero la cátedra de Sevilla de lengua y de literatura árabe le esperaba (1970-1971). Este encuentro con Híspalis -antiguo nombre de Sevilla- se convirtió también para él en otra revelación: el descubrimiento de sus propias raíces andaluzas -ocultas en su subconsciente, presentidas en Oriente-, y el hallazgo del elemento andaluz profundo[6], integrado en la especificidad española, según sus propias palabras.

Regresa de nuevo a Madrid, para hacerse cargo de la cátedra de lengua y de literatura árabe del departamento de estudios árabes e islámicos y estudios orientales de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma, en donde desempeña, paralelamente, importantísimas funciones administrativas: Director de departamento, Vicedecano, Decano de esta misma Facultado (1974-1978) y el primer Rector elegido democráticamente (1978-1982).

Como Miembro correspondiente de la Academia de lengua árabe de Amman (Jordania), ha colaborado también con la UNESCO, contribuyendo a la innovación de los estudios universitarios en Marruecos y en el proyecto del periódico libanés Kitab fi Garida, cuyo director es el poeta iraquí Suabi Abd al-Amid.

Esta organización ha publicado su antología de los poetas hispano-árabes. “Literatura árabe y España” es otra colaboración con la UNESCO así como “Al-Andalus, tema de inspiración de los poetas del Mahyar meridional”[7]. Por lo que ha recibido el Premio de Cooperación con el Mundo Árabe, otorgado por la Asociación de periodistas árabes en España (1992), así como la medalla de oro del Círculo de Bellas Artes de Madrid (2004)[8].

He aquí por tanto su biografía, que he intentado describirles sucintamente. ¿Pero qué tipo de relaciones humanas mantiene Pedro Martínez Montávez? ¿De qué forma ha contribuido a la mejor comprensión de los estudios mediterráneos?

B.- Segundo movimiento

Lejos de Pedro toda exageración que, según él, daña la naturalidad y la sencillez de las relaciones humanas. Púdico en la amistad, a primera vista (la apariencia no muestra más que pequeñitas parcelas del ser), es afable, cortés, discreto, honrado, sincero, sentimental e intelectualmente generoso con quienes se le acercan con espíritu de buena voluntad. No “recluta” a sus alumnos, no prodiga consejos, pues respeta tanto la libertad del otro -su opción científica intelectual- como exige se le respete la suya. Y no tiene necesidad de explicar todo esto: es algo que se aprehende y adivina, es cuestión de perceptibilidad, de “porosidad”. Su personalidad, su autoridad logra que sus condiscípulos acudan a pedirle ayuda, documentación, consejos, encontrando en él un perfecto aliado, pues el maestro se entrega a ellos y los escucha -en estos tiempos de confusión-. Así es como se ha formado un grupo de colaboradores, colegas y discípulos en todo el mundo, al mismo tiempo que se crea un nuevo tipo de escuela.

Responde siempre, animoso, correcto, generoso -insisto- a las innumerables llamadas de teléfono que le plantean peticiones, preguntas y propuestas de colaboración en investigaciones o simplemente cuando le llaman para enviarle recuerdos de amigos lejanos. Nunca se le ha escuchado quejarse de sus jornadas llenas de ocupaciones. Las citas en la Universidad -incluso hoy como profesor emérito-, se mantienen a primeras horas de la mañana madrileña -fría o soleada-, lo que revela que Pedro se levanta mucho antes que apunte el alba, debido a las largas distancias en los desplazamientos por la ciudad.

Pero esencialmente es un hombre de su tiempo, que se interesa por las cuestiones sociales, políticas, literarias, artísticas y que se adapta a los momentos particulares; un hombre que conoce y asume el pasado y acecha el porvenir. Todo ese dinamismo explica la práctica de un arabismo académico, dispuesto a aprender dentro y fuera de las aulas. Un arabismo profundamente vital, que desea sensibilizar a la sociedad española y permitir una mejor comprensión de la realidad del mundo árabe contemporáneo, a partir de un arabismo vivo, vivido en su interior, que expone de manera armoniosa, atrayente, contrastada y humanista, en la radio, la televisión o en la prensa escrita, mientras desarrolla, institucionalmente, su compromiso frente al mundo árabe.

Sí, un hombre de su tiempo, con el que está en armonía, próximo, pero solitario, que ama la soledad porque es un apasionado de la libertad, que intenta conciliar con la solidaridad, más aún, con la propia elección de una visión progresista o comprometida.

Porque si el profesor Martínez Montávez se vuelve al mundo árabe y mediterráneo, es para conocer mejor la realidad española que tanto debe a aquél. Dicho de otra forma, analiza nuestro mundo en relación con nuestro otro más inmediato, permanente y gravitante, y por lo tanto la visión y percepción que tenemos de él[1].

En el maestro se alía el arabista académico y el arabista vital. Dice en la Nota Previa a su manual innovador de literatura árabe: “Es un libro de reflexión y de lectura y también de experiencia y sentimiento, tanto de despacho como de calle, si puedo decirlo así. […] Hay por tanto tanta documentación como vivencias, mi vivencia personal de la experiencia singular y atormentada de la literatura árabe contemporánea. No concibo de otra forma la aproximación al hecho literario”[2].
Dos rasgos caracterizan a este caballero andante de aire meridional -aparte la pupila clara que no puede disimular la sorpresa, la ternura, la emoción, ni la tristeza-: su voz, fuerte, precisa, clara, llena de autoridad y seguridad, que no se altera pero que, como lluvia -música cadenciosa-, se posa en el aire, invade y cala. Y también las manos, grandes, amplias, con dedos enmarcados por uñas bien dibujadas; parecen manos esculpidas, al paso del tiempo, por el esfuerzo, el trabajo, el contacto con tantos documentos, obras y cartas escritas, por tantas manos fuertemente apretadas por el amplio mundo.

El poeta sirio Nizar Kabbani hizo de él este retrato: “Más que un arabista, es un árabe con fisonomía andaluza”[3]. Kabbani alaba también su extraordinaria cualidad de traductor que añade belleza a sus poemas[4]. Su amistad que data de 1963 -en Córdoba y luego en Madrid donde Kabbani era consejero de la Embajada siria-, ha perdurado hasta la muerte del poeta, en Londres, en 1998.

No menos profunda fue la amistad con Abd al-Wahhab al-Bayati quien le definió como “un árabe más entre los árabes”[5]. El amigo español recuerda las tardes pasadas en casa del poeta iraquí, “hablando de poesía, dando vueltas a una palabra en nuestras cabezas, a veces durante horas, buscando el término preciso”[6].

En este campo, ha desarrollado un papel importante en la traducción del árabe al español -o a la lengua castellana como también se la denomina-. A este arabista erudito se debe la primera traducción de una serie de poemas como “La escuela sirio-americana”[7]. “Canciones de Mihyar, el de Damasco” fue también la primera traducción europea en 1968 -pero no en su versión total-, del gran poeta contemporáneo sirio-libanés, Ali Ahmed Saïd-Esber, Adonis[8]. Inolvidable es su traducción -en una edición espléndida y lujosa con ilustraciones del pintor palestino Kamal Bullata-, “Doce candiles para Granada”[9], cuyo texto original en lengua árabe está traducido en español,  inglés y francés. Otra traducción pionera es también “Siete cuentistas egipcios contemporáneos”[10].

Martínez Montávez fue uno de los primeros que estudiaron la influencia de García Lorca en los escritores árabes. : “Presencia de Federico García Lorca en la literatura árabe actual”[11]. “Federico García Lorca y los poetas árabes contemporáneos”[12]. “De nuevo sobre García Lorca y los poetas árabes contemporáneos”[13] y “El camino hacia España de al-Bayâti, Federico y Granada”[14].

Por otra parte, otros dos temas constantes nacen de su compromiso y su preocupación intelectual, desde hace tiempo: “La larga crisis del mundo árabe contemporáneo”[15], y el gran drama humano del pueblo palestino, reflejado en “La poesía de la resistencia” y “El poema es Filistin”[16].






LOS ÁRABES, EL MEDITERRÁNEO :
REFLEXIÓN DESDE EL FINAL DEL SIGLO

Investigando sobre sus respuestas intelectuales concernientes a lo que ha representado el siglo XX para el mundo árabe, deseo referirme aquí a su Leción de Apertura del curso universitario 1998/1999 -que expone sus inquietudes más apremiantes-, momento en el que se le concedió la Medalla de la Universidad Autónoma : “Con motivo de su esfuerzo generoso, intenso y fructífero como Rector de nuestra Institución, desde el 13 de enero de 1978 al 26 de febrero de 1982”.

La reflexión de Pedro Martínez Montávez sobre el mundo mediterráneo se basa en varias épocas: la  época que separa las dos guerras mundiales, en la que prácticamente todo el espacio árabe e islámico propiamente mediterráneo está dominado por el colonialismo europeo -años en los que intenta recuperar su independencia y libertad-; la época en la que van dibujarse las soberanías; la época en la que las corrientes del panarabismo -el nacionalismo más integrador- y de los progresistas van a ser reemplazadas por las corrientes islamistas -o por los islamistas radicales “responsables en gran medida del renacimiento de un Islam contra el Islam”[1]-; la época en la que las voces de carácter nacionalista local se erigen, buscando que se afirme una identidad anterior al hecho islámico; y en fin, la época del siglo que acaba de finalizar y que constituye el panorama cultural, literario e intelectual egipcio más representativo del mundo árabe de esa época.

Afirma que, cronológicamente, el elemento árabe e islámico ha sido sin duda el último que ha llegado a la zona mediterránea -siglo VII de la era cristiana-. Este elemento es por tanto un fluido permanente, vasto y profundo, de la corriente mediterránea, pieza clave, irremplazable, de este gran edificio mediterráneo que se caracteriza por su pluralidad.

¿Pero cómo -se interroga Martínez Montávez- van a expresar los árabes su situación y arraigo en este mundo mediterráneo? ¿Con qué visiones e imágenes, con qué pensamientos se va a concretizar su eventual “mediterraneidad” estando dotada de una huella particular?

Nos confirma que aunque el elemento mediterráneo constituye el principal marco de inspiración (Nizzar Kabbani se descubre poeta en el mar Mediterráneo) y de identificación (Mayy Ziyada en el Himno a las fuentes de Roma), sin embargo el notable intelectual palestino-iraquí, Yabra Ibrahim Yabra, ha señalado magistralmente la confrontación moderna entre el mundo árabe colonizado y el Occidente colonizador, su encuentro y su conflicto: “The Arabs and the West. It is a long a complicated story, and like a good complicated story it has plenty of conflict in it, and plenty of love and hate. The relationship is as old as Islam; attraction and repulsion between them have coexisted to an exhilarating degree, sometimes to a tragic degree”[2].

Según Montávez, esa traumática relación, que atraviesa y estructura toda la existencia árabe contemporánea, fue descrita de forma incisiva -pero con propósito de contemplación contrastiva- por el escritor tunecino Ali al-Duayi, en el momento de pasar por el estrecho de Los Dardanelos : “A la derecha teníamos a Asia y a nuestra izquierda a Europa […] Veía en mi mujer de la derecha al Asia de Oriente con sus secretos y símbolos, a Oriente con su esplendor, palacios, joyas, y caravanas de elefantes cargadas con seda, perfumes, mármoles y piedras preciosas, caminando por la vía desierta y lejana de la cordillera del Himalaya. Veía en mi mujer de la izquierda a Europa, a Occidente con sus industrias y máquinas, sus chimeneas labradas por la materia, la organización, la empresa y el espíritu tranquilo bajo un cielo lluvioso, en una tierra helada durante nueve meses del año”.

Reflexiones anticoloniales con diferente intensidad, diferentes matices en demasiados testimonios -insiste Montávez-, como las del libanés “americano” Amin al-Rihani. Situación de duda, de alternativa, también, y de una escisión contradictoria, casi nunca superada, frente a Europa-Occidente: “¡Beirut, Hayfa, Yala y Alejandría, todas puertas de entrada de este mar Mediterráneo! Temo por vosotras si no se establece un Estado árabe unificado, lleno del real espíritu de la civilización -la civilización de la ciencia y de la religión, civilización de la materia y del espíritu abrazados- que os proteja de la corriente dominante, triunfante, rechazando los peligros del neocolonialismo donde los venenos han comenzado a infiltrarse en lo más enjundioso de la cultura, del comercio, de la política y de la religión”. Esta situación tal vez tiene un valor especial entre los intelectuales influenciados por la cultura occidental, como Yubran Jalil Yubran que confesaba a Mary Ziyada : “Se pueden encontrar, sobre todo en Italia y en Francia, manifestaciones del arte y de la técnica que regocijan y amenizan. Europa, querida señora, es la cueva de un ladrón engañador y experto que conoce el valor de las cosas preciosas y sabe cómo obtenerlas”[3].

Por lo tanto esa relación con el elemento mediterráneo es una faceta, un tema que brota de la cuestión que atormenta y atenaza la existencia árabe desde hace al menos doscientos años -más de trescientos años en Argelia-, en su relación con el Otro[4].

Veamos aún -según las investigaciones de este arabista-: “El espíritu árabe es oratorio, materialista. [...] Y esas dos tendencias, que han coexistido, creando una escuela especial, han hecho que esa naturaleza haya adquirido un espíritu semejante al de la abeja impetuosa y voluble, que, apenas goza de una flor, la abandona enseguida por otra, pues es inestable y siempre en perpetuo cambio”. Y aún: “El movimiento, es decir la vida, se encuentra entre los griegos; la urgencia, es decir el placer, entre los árabes. Ninguna nación ha invadido el mundo más rápidamente que los árabes. Han pasado al lado de diferentes civilizaciones, galopando a lomo de corceles y saqueando lo mejor que tenían. Podían ser sensibles a todo excepto al sentimiento de estabilidad. ¿Cómo podían conocerlo si no tenían tierra, ni paraíso, ni cultura? Se trataba de un estado creado por las circunstancias y no por la tierra. Y sin tierra no hay estabilidad; sin estabilidad no hay reflexión, y sin reflexión no existe mitología”.

Este arabista intuitivo, adivinando las dudas que despierta esta lectura, nos afirma que muchos no se soprenderán por estas citas y opiniones, sobre todo porque reconstruyen lugares comunes, clichés que se presentan comúnmente a propósito de los árabes y que emplean la literatura actual e incluso los especialistas.

Sí sorprenderá en cambio, que, en contra de lo que casi con toda seguridad cabría esperar, esas citas no se deben a escritores occidentales sino a notables escritores árabes contemporáneos que representan muy dignamente dos vastas áreas socioculturales y sensibles del mundo, el Magreb y el Machreq. Es decir, pertenecen al poeta tunecino Abul-Qasim al-Chaabbi y al celebre dramaturgo, ensayista y narrador egipcio, Tawfiq al-Hakim[5].

Y Martínez Montávez también nos ofrece un bosquejo de lo que Husayn Fawzi narra en Sindbad fi assayyar : “Egipto combatía al colonizador británico sin tomarle como pretexto para odiar la civilización europea, pues sentía el apoyo de los estados occidentales a su causa justa y la obligación de familiarizarse con su civilización. Nuestra coraza para incorporarnos en paz en el séquito de la civilización contemporánea. Túnez, el Magreb están más próximos que nosotros a la civilización mediterránea”.

En Taha Husayn está más presente el modelo de Grecia como cuna de las libertades, la democracia y el arte, pero señala igualmente que el pensamiento egipcio se vinculó, por un lado, con zonas de Oriente Próximo y, por otro, con el pensamiento griego. Y Montávez afirma: cuando un europeo escucha esto sonríe, pues tiene prejuicios; el egipcio y el árabe oriental lo desaprueban y adoptan, a este respecto, actitudes que varían en función de su cultura y conocimiento.

Por todo ello su mayor deseo es alcanzar un entendimiento, una propuesta aglutinante de la que conoce su vulnerabilidad y precariedad, en el marco de ese equilibrio cultural necesario entre Oriente y Occidente. Lo que Husayn llama la cultura del Mediterráneo, afirmación que tiene sus defensores[6] y también detractores[7], se queja el arabista.

Sabe también que, a lo largo de la segunda mitad del pasado siglo, el marco, la escena y la función de muchos de los actores principales y secundarios ha cambiado bastante. Puesto que era la época del proceso de descolonización en la que se encontraba sumergido el mundo árabe. Pero insiste sobre este hecho: si las relaciones con las potencias extranjeras eran difíciles, no lo serán menos con esas mismas potencias que ahora llevan ahora otro nombre.

También señala otro hecho trascendental cuyas repercusiones pueden ser considerables: la irrupción de los Estados de América en la escena árabe, que se presenta en gran medida como opción para reemplazar a las potencias colonizadoras europeas de antaño. Según este gran arabista, los Estados Unidos pueden revelarse, en la actualidad -llegado el caso y en función de sus intereses-, tan colonialistas -o más- que las potencias europeas.

En el transcurso de los tres últimos decenios del siglo XX, dice, grandes transformaciones van a producirse y a modificar el panorama ideológico, intelectual y cultural árabe, que aparecerá como “pensamiento en crisis”, y no solamente como “pensamiento de crisis”, según Nasr Hamid Abu-Zaïd.

Con respecto a esto, el problema del pueblo palestino conmueve a los árabes y resume su pensamiento y sentimiento: “El parto de Israel, que forzó el aborto de Palestina, perturbará a toda la existencia del mundo árabe actual, pues la creación del Estado de Israel fue un gran error. No quiero entrar en otras consideraciones, ni juzgar si es justo o injusto, hablo simplemente desde el punto de vista político”[8].

Y el arabista se aflige enormemente -“pero tomar el camino de los perdedores es complicado”[9]- y España, que lleva a este pueblo en su corazón, se desconsuela por esta cuestión espinosa y enquistada.

Por tanto es lógico que los poetas y pensadores palestinos se erijan en portavoz de este pueblo. Y Montávez exclama, al mismo tiempo que Mahmud Darwish, dirigiéndose a los expatriados: “¡Estáis solos!” (Memoria para el olvido), mientras que Hixam Xarabi “[se] acuerda de Acre que ahora forma parte de Israel” (Imágenes del pasado). Sí, El poema es Filistin[10].

Luego este arabista, en búsqueda de vías de reagrupamiento, insiste en la visión plural y diversificada del elemento mediterráneo que no excluye la existencia de tramas comunes -pues cualquier otra representación sería errónea y podría tener efectos nocivos-. Hace referencia a la visión de Amin Mâluf, ese Mediterráneo entrecruzado, entrelazado y entretejido como un “crucigrama”. Y nos muestra también otra vía, que para Abderrahman Munif podría ser de liberación: “Se dice que la libertad está en otra parte, en otra tierra, más alejada que Grecia, donde el hombre puede vivir sin que los delatores y los zapatazos le despierten al alba”.

Pero es sobre todo el testimonio que ofrecen las ciudades del mediterráneo árabe, del Machreq y del Maghreb, lo que le lleva a reflexionar sobre esa realidad social y cultural : una posible memoria mediterránea, conmovida, equilibrada, serena, de reencuentros. Y también las ciudades españolas, evocadas por tantos escritores y poetas de este mundo común a unos y a otros, que pueden conducirnos a una nueva Andalucía[11], a esa síntesis de la latinidad -con la que soñaba Jacques Berque-, por tanto del helenismo y del Islam mediterráneo.

Para Adonis, Granada y la Alhambra son etapas incomparables de esos mundos necesarios por llegar: “Escucha, oh poeta, lo que dice Granada :/Te enamoraste solamente de la tarde de antaño/asombrado por la mañana venidera./La tarde hace del alba/una raíz que te abre el horizonte, profundidad que te alimenta de grandeza./Lo mismo que el sol, lo mismo que Granada, posees dos mejillas: /una, en Oriente, otra, en Occidente”[12].

El arabista muestra, de esa forma, que los árabes piensan y sienten también en función de ese “elemento mediterráneo”, pero “a su manera, a su modo” pues no deben existir monopolios, ni modelos de lenguaje únicos. Ha llegado a esa conclusión intelectual a partir del elemento “realmente humano” y no “políticamente correcto”. De paso, llama nuestra atención sobre el diálogo Euro-Mediterráneo, denominación que no es la más apropiada y que debía haber producido más resultados tangibles.

Martínez Montávez desea también dar cuenta de propuestas alentadoras, advertencias y desafíos, que ya se columbraban, y que René Habachi explica así:

“Es aquí donde las orillas del Mediterráneo podrían retomar por su cuenta las aportaciones teodiceas y teológicas, después de haberlas seleccionado. Cualquier integrismo aquí  sería destructor. [...] La autenticidad, que aman tanto apelar los árabes, es ésta: reconciliarse con su parte más viva en lugar de escudarse en sus diferencias y actualizar la parte que puede integrarse con el resto del mundo de hoy. He aquí cómo el Mediterráneo, desde Heráclito hasta nuestros días, puede ayudar a los árabes [...] He aquí cómo los árabes pueden ayudar y enriquecer, como lo hicieron por primera vez, al diálogo mediterráneo que necesita el universo. [...] ¿ese diálogo no aporta más bien a la crisis actual una promesa cuya ausencia es la amenaza más espantosa para el humanismo del siglo XX?”

Y este profesor -en el sentido mismo de profesar- concluye su lección magistral, insistiendo para que, en ese diálogo mediterráneo, se evite que aumente aún más el aislamiento del bajo espacio de Oriente Próximo, que agravaría la situación del conjunto del mundo árabe -siempre precario, inestable y vulnerable, y cuyas repercusiones serían seguramente imprevisibles.

Este arabista -como muchos de nuestros arabistas e investigadores- transforma en realidad las palabras de Mohamed Arkoun : “Los investigadores más competentes, más leales, serán aquellos que alien la exigencia científica con un sentido penetrante de la solidaridad histórica de los pueblos y de las culturas”.

Con su generosidad y ese arabismo, que responden a toda una concepción de la vida y la existencia, Pedro contribuye a iluminarnos con “candiles en la oscura y larga galería que se extiende entre nuestro Occidente y su Oriente”[13]. Y Pedro Martínez Montávez nos advierte siempre: “No existen lámparas de Aladino para resolver los problemas humanos. La lámpara y el genio están en nosotros mismos o no están. Esto vale también para el mundo árabe contemporáneo. Pero es necesario que sean conscientes y que actúen en consecuencia”[14].





                                                 Señoras y Señores, he deseado situarme como qantara, pasarela, portavoz de este arabismo comprometido, ante los Miembros de esta prestigiosa Academia, Beït al-Hikma. Hoy constituye el marco ideal para exponer y debatir estos planteamientos que nos conciernen y unen, como mi maestro en arabismo lo expuso en la Universidad Autónoma de Madrid, pues si un día cesa de hacerlo -nos dijo-, cesará de ser universidad.

Les agradezco, profundamente, su atención. Choukran! (¡Gracias!)



[1] Martínez Montávez, P., su colaboración: “Islam, Fundamentalismo y Terrorismo” in El 11 de Septiembre que cambió nuestro mundo, Universidad de Valladolid, Valladolid, 2003, p. 77.
[2] Martínez Montávez, P., Literatura árabe de hoy, cit., p. 149.
[3] Martínez Montávez, P., Introducción a la literatura árabe contemporánea, cit., 3ª ed., cap., V, VI, VII.
[4] Leonor Merino, Encrucijada de Literaturas Magrebíes (Centro Francisco Tomás y Valiente, UNED Alzira-Valencia, 1991): “Capítulo III: Diferencia de lengua y política entre Argelia, Marruecos y Túnez”, y “Diálogo de sordos”.
[5] Martínez Montávez, P., Literatura árabe de hoy, cit., pp. 122-124.
[6] Sâdallah Wannous, Gabir Usfur y el hispanista Ebtehal Younes.
[7] El pensador Sati al-Husari.
[8] Martínez Montávez, P., Entrevista con Sol Alameda, El País Semanal, Madrid, 7-10-2001.    
[9] “Este compromiso me ha causado muchas preocupaciones profesionalmente”: Martínez Montávez, P., Miscelánea de Estudios árabes y hebraicos, cit., p. 250
[10] Martínez Montávez, P., op., cit.
[11] Martínez Montávez, P., Mitos y Leyendas. ANDALUCES, Introducción de Pedro Martínez Montávez, Col., Las Culturas. “Mitos y Leyendas”, nº 6, Madrid, 1986.
[12] Doce candiles para Granada, la traducción en español, ya citada, de Pedro Martínez Montávez.
[13] Martínez Montávez, P., El reto del Islam. La larga crisis del mundo árabe contemporáneo, cit., p. 218.
[14] Ibid., p. 247.



[1] Su Introducción en Al-Andalus, España, en la literatura árabe contemporánea, cit., p. 14.
[2] Martínez Montávez, P., Introducción a la literatura árabe contemporánea, Almenara, Madrid, 1974; 2ª edición corregida y aumentada, CantArabia, Madrid, 1985; 3ª ed., Universidad de Granada, Granada, 1994, pp. 7-8.
[3] Nizar Kabbani, “kana ‘arabyyan, la must ‘arabyyan”, Akhbar el-Adab, El Cairo, 3 agosto, 1997.
[4] Martínez Montávez, P., Nizar Kabbani, Poemas amorosos árabes, Madrid, 1965; 2ª ed., aumentada, 1975; 3ª ed., aumentada, 1988. Así como Poemas políticos, 1975, y Tú, amor, 1987.
[5] Silvia Elzi, Intervista a Pedro Martínez Montávez, Universitá cattolica del Sacro Cuore di Milano, Italia, Anno Accademico 2000/2001.
[6] En su Introducción a la traducción de Carmen Ruiz Bravo-Villasante: Abd al-Wahhab al-Bayati, Mi experiencia poética, CantArabia, Madrid, 1986. Esta arabista, bien conocida, creó, en 1985, esa editorial española, audaz y generosa.
[7] Martínez Montávez, P., La escuela sirio-americana (Antología de la Rábita al-Qalamiyya), Itimad, Tetuán, 1956.
[8] La versión completa ha sido traducida por Pedro Martínez Montávez y Rosa Isabel Martínez Lillo (Introducción de P. Martínez Montávez), Canciones de Mihyar el de Damasco, Del Oriente y del Mediterráneo, Madrid, 1997.
Ver, Rosa Isabel Martínez Lillo, La “cosmovisión” de Ali Ahmad Said “Adonis”, ‘Ilu.Revista de Ciencias de las religiones, Universidad Complutense, Madrid, 1998, pp. 39-51.
Ver, Leonor Merino, Adonis (escritor sirio-libanés). Persuasión del acto Poético para (re)inventar el mundo, Nuevas del Aire (Madrid) mayo 1996, nº 39, pp. 27-28. Y Leonor Merino, Adonis” (Ali Ahmad Saïd Esber), un hombre de andadura, El Mundo (Madrid) lunes 17 noviembre, 1997, p. 45.
[9] Adonis, Doce candiles para Granada (trad.: Pedro Martínez Montávez), París, UNESCO, 1996.
[10] Martínez Montávez, P., Siete cuentistas egipcios contemporáneos, Instituto Egipcio de Estudios Islámicos, Madrid, 1964.
[11] Martínez Montávez, P., Presencia de Federico García Lorca en la literatura árabe actual, Actas IV Congreso de Estudios Árabes e Islámicos -Coimbra, 1968- Leiden, 1974; también publicado en P. Martínez Montávez, Exploraciones en literatura neoárabe, Instituto Hispano-Árabe de Cultura, Madrid, 1977, pp. 33-54.
[12] Martínez Montávez, P., Federico García Lorca y los poetas árabes contemporáneos, revista “Retama”, Cuenca, 3, 1986, pp. 21-30; también publicado en Pedro Martínez Montávez, Literatura árabe de hoy, CantArabia, Madrid, 1990, pp. 87-101.
[13] Martínez Montávez, P., De nuevo sobre García Lorca y los poetas árabes contemporáneos, I Jornada de literatura árabe moderna contemporánea organizada por el departamento de estudios árabes e islámicos y estudios orientales, Universidad Autónoma de Madrid, nov., 1900; también publicado en P. Martínez Montávez Literatura árabe de hoy, cit., pp.103-119.
[14] Martínez Montávez, P., Al-Andalus, en la literatura árabe contemporánea, cit., pp. 196-219.
[15] Martínez Montávez, P., El reto del Islam. La larga crisis del mundo árabe contemporáneo, Temas de hoy, Madrid, 1997.
[16] Martínez Montávez, P., El poema es Filistín. Palestina en la poesía árabe actual, Molinos de Agua, Madrid, 1980. Y sus traducciones: Poetas palestinos de resistencia, Casa Hispano-árabe, Madrid, 1968.



[1] En donde fue nombrado hijo predilecto y se le dedicó una calle (1987).
[2] Entrevista: Mercedes del Amo y María Isabel Lázaro, “El intelectual y su memoria: Pedro Martínez Montávez”, Miscelánea de Estudios árabes y hebraicos. Sección Árabe-Islam, Universidad de Granada, vol., 52, 2003, p. 251.
[3] Son las emocionadas palabras del arabista: “a la memoria de mi padre”, en la dedicatoria de su obra: Al-Andalus, España, en la literatura árabe contemporánea, cit.
[4] Martínez Montávez, P., La oscilación del precio del trigo en el Cairo durante el primer régimen mameluco (1252-1382), Facultad de Filosofía y Letras, Madrid, 1964. Son interesantes y particulares sus artículos sobre las relaciones entre los castellanos y los mamelucos o sobre la economía de España, en tiempos de la dinastía Omeya.
[5] Naguib Mahfuz, El murmullo de la locura, traducción: Pedro Martínez Montávez, Al-Rabita, El Cairo, diciembre 1959, enero 1960.
[6] ¿No ama Pedro la tauromaquia que constituye un objeto de reflexión cultural?
[7] Martínez Montávez, P., Al-Andalus, tema de inspiración entre los poetas del Mahyar meridional, revista “Culturas”, París, UNESCO, VII. 4. 1980; igualmente se ha publicado en Literatura árabe de hoy, serie estudios. 4., CantArabia, Madrid, 1990, pp. 37-62.
[8] El poeta Manuel Ruiz Amezcua le brindó el siguiente poema: “El enigma que es la vida,/el que la tierra se traga,/ha de tener su respuesta/en la trama de la trama./La palabra decisiva,/la que creemos que salva/cansada de insuficiencias,/siempre dice lo que calla./El temor de lo secreto./El temblor de la maraña./Lo que tanto nos importa./Lo que siempre nos engaña./El poder de lo infinito./Su mirada sobre el ansia,/rellenando de agujeros/los caminos de la trampa./El chantaje a la verdad./La locura que lo embarga./Todo lo que en este mundo/transige con la desgracia”.




[1] Martínez Montávez, Pedro, Al-Andalus, España, en la literatura árabe contemporánea, Fundación MAPFRE, Madrid, 1992.
[2] Martínez Montávez, P., Pensando en la Historia de los árabes Madrid, CantArabia, 1995.
[3] Martínez Montávez, P., Notas sobre el tema árabe en la poesía española actual”: Comunicación en la Sala de la Cultura Española, 18 de febrero, 1965, en Tetuán,y agregada en Ensayos marginales de arabismo, Cantoblanco, UAM, 1977, pp. 73-91.